La 'Historia Negra' de la Iglesia

LA TOMA DE GRANADA Y EL FIN DE LA RECONQUISTA ESPAÑOLA

Por Rachel Arié



Romance del rey chico que perdió Granada (Anónimo)

El año de cuatrocientos
que noventa y dos corría,
el rey Chico de Granada
perdió el reino que tenía.
Salióse de la ciudad
un lunes a mediodía
rodeado de caballeros,
la flor de la morería.
Su madre lleva consigo
que le tiene compañía
Por ese Genil abajo
el rey Chico se salía.
Pasó por medio del agua
lo que hacer no solía;
los estribos se han mojado,
que eran de grande valía.
Por mostrar más su dolor
que en el corazón tenía,
ya que esa áspera Alpujarra
era su jornada y vía,
desde una cuesta muy alta
Granada se parecía.
Volvió a mirar a Granada
desta manera decía:
¡Oh Granada, la famosa,
mi consuelo y mi alegría,
oh mi alto Albayzin
y mi rica Alcaicería,
oh mi Alhambra y Alijares
y mezquita de valía
mis baños, huertas y ríos
donde holgar me solía!
¿Quién os ha de mí apartado
que jamás yo vos vería?
Ahora te estoy mirando
desde lejos, ciudad mía;
mas presto no te veré
pues ya de ti me partía
¡Oh rueda de la fortuna,
loco es quien en ti fía;
que ayer era rey famoso
y hoy no tengo cosa mía -.
Siempre el triste corazón
lloraba su cobardía,
y estas palabras diciendo
de desmayo se caía.
Iba su madre delante
con otra caballería,
viendo la gente parada
la reina se detenía,
y la causa preguntaba
porque ella no lo sabía.
Respondiole un moro viejo,
con honesta cortesía,
- Tu hijo mira a Granada
y la pena le afligía -
Respondido había la madre
, Desta manera decía:
- Bien es que como mujer
llore con grande agonía
el que como caballero
su estado no defendía.



El rey moro Boabdil entrega la plaza de Granada
a los Reyes Católicos Fernando e Isabel



INTRODUCCIÓN

El matrimonio del heredero de la corona de Aragón, Fernando, con la princesa de Castilla, Isabel, significa un momento clave no sólo en la Historia de España sino en el mundo.
En España la unión de Castilla y Aragon evolucionará a una unificación nacional; con la anexión de los reinos independientes de Navarra y Granada, España nace como nación.
A la Historia Universal interesa este matrimonio unificador especialmente porque España empezó a existir no sólo como nación sino como potencia hegemónica, el Descubrimiento de América y las reformas religiosas hicieron de España la primera potencia mundial durante el siglo XVI y parte del XVII. América Latina es como es, porque es hija cultural de la España que forjaron los Reyes Católicos.

En lo que toca a la sombra inquisitorial, se critica a los Reyes Católicos y a su gobierno, la expulsión de judíos y musulmanes de España. Dicha crítica es en ocasiones dolosa, deliberadamente tendenciosa, como un documental de The History Channel que tuve ocasión de ver. [1]

El tema de los judíos se estudiará más a profundidad, por ser un tema espinoso y complejo -el de las relaciones entre cristianos y judíos, especialmente con la Inquisición de por medio-. En esta entrega me limito a exponer a los lectores un rápido estudio de la toma de Granada, última plaza musulmana en España. Los musulmanes habían puesto pie en la Península Ibérica desde el año 711, y durante casi 800 años dominaron parte de lo que hoy es España, mezclándose las culturas árabe, visigoda y judía.
Desde entonces los cristianos combatían a los que siempre consideraron invasores. Aquí, en 1492, los Reyes Católicos ponen fin a la invasión y el islamismo pierde su último dominio en territorio íbero.

España empieza una historia nueva, de Renacimiento, de Fuerza Espiritual y Temporal. Así tomaba significado; de Unión, la divisa real: Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando.

Se toma este artículo del libro España Musulmana, tomo III de la colección Historia de España, dirigida por Manuel Tuñón de Lara (Editorial Labor, 1a. edición, 8a. reimpresión, 1988). La autora, Rachel Arié, es Doctora en Letras y Ciencias Humanas, miembro de la Asociación Española de Orientalistas y de la Union Européene des Arabisants et Islamisants, experta en historia y cultura hispano-musulmana. Este artículo es un extracto de su libro, cap. 1, parte 7, pags. 36-44.

Jesús Hernández

NOTA ADICIONAL:
Colocamos las fechas como las pone la autora (Año del Calendario Musulmán/Año del Calendario Cristiano). Para encontrar el año correspondiente se está tomando como referencia al Calendario Cristiano establecido por Su Santidad el Papa Gregorio XIII en 1582 (Calendario Gregoriano).

Como curiosidad, el método de cálculo -sólo aproximado- es el siguiente:
Año Musulmán = Año Gregoriano-622 + (Año Gregoriano-622 / 32). Donde la fecha 622 es el año Cero del Calendario Musulmán, que coincide con la Hégira o huída del Profeta Mahoma de La Meca a Medina. La cifra "32" expresa una corrección sobre los meses del Calendario Musulmán, debido a que alterna años con distinta cantidad de días, y así, 33 años musulmanes equivalen a 32 cristianos.




El reino nasrí de Granada y el fin de la Reconquista (1232-1492)



Fundación y principios del reino nasrí de Granada

El último reino musulmán de la península Ibérica se constituyó cuando tocaba a su fin la autoridad de la dinastía almohade en España.
En el año 629/1232, los habitantes de la pequeña ciudad de Arjona, cerca de Jaén, proclamaron sultán a Muhammad b. Yusuf b. Nasr, quien se decía descendiente de un compañero del Profeta.
Valiéndose del prestigio adquirido con sus hazañas guerreras en el transcurso de las luchas fronterizas, y apoyado por los miembros de su familia, Muhammad extendió su autoridad a Jaén y Porcuna en el transcurso del año que siguió a su revuelta. Pero el sultán de Arjona desagradó a cordobeses y sevillanos por su dureza, y tuvo que declararse vasallo de Ibn Hud en 631/1234. La rivalidad entre ambos rebeldes andaluces se reavivó dos años mas tarde, en el momento en que Fernando II, prosiguiendo su avance hacia la cuenca del Guadalquivir, se lanzaba a la conquista de la próspera metrópoli de Córdoba, con la complicidad del nasrí.
En el año 634/1237 Muhammad b. Yusuf b. Nasr hizo su entrada en la ciudad de Granada, convirtiendo la antigua metrópoli zirí en capital del naciente emirato nasrí. Tras el asesinato de Ibn Hud en Almería, esta ciudad fue tomada por Muhammad, poco después también Málaga se le sometía.

La reconquista aragonesa avanzaba en dos direcciones; hacia las Baleares, anexionadas entre 626/1229 y 636/1239, y hacia el territorio valenciano. La misma Valencia capituló el 28 de septiembre de 635/1238, Alcira y Játiva se rindieron a los aragoneses en 642/1245.
El reino de Granada, el principado musulmán más importante, despertó la codicia de los castellanos, quienes por su parte habían conquistado Córdoba y las tierras bajas del Guadalquivir. Después de una feroz resistencia que se prolongó durante siete meses, Jaén, víctima de un hambre terrible, tuvo que capitular en marzo de 643/1246, tras una serie de negociaciones que Muhammad I, con el realismo típico de su política, había decidido llevar a cabo. Con ello esperaba sin duda obtener unas condiciones menos duras que su rival murciano, el cual se había convertido en vasallo de Fernando III en junio de 640/1243.
Según el pacto, firmado el campo cristiano, Muhammad I aceptaba reconocer a Fernando III como soberano y pagarle un elevado tributo. Así pues, el reino de Granada sólo podría existir como vasallo de los reinos cristianos. Bordeado por el Mediterráneo desde Gibraltar hasta Almería, coincidía en líneas generales con las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería; su defensa descansaba en una muralla de montañas, ya que por el interior no rebasaba los macizos de la Serranía de Ronda y la agreste sierra de Elvira.

En el transcurso de los veinte años de calma que le proporcionó la firma del tratado de paz con San Fernando, Muhammad I se consagró a la instauración de la autoridad real en su recién creado emirato. Los avances cristianos en la Reconquista produjeron un éxodo de musulmanes andaluces hacia el reino nasrí, y hubo que construir en Granada el barrio del Albaicín para dar acogida al flujo de refugiados procedentes de Baeza y Levante.
Muhammad I fijó su residencia real en la antigua fortaleza zirí de la Alhambra, erigida en la orilla izquierda del Darro. En política exterior tuvo la habilidad de tratar con tino a Fernando III, al tiempo que procuraba establecer relaciones con los dinastas musulmanes del Magrib y de Ifriqiya. Durante el sitio de Sevilla, en el año 646/1248, un contingente de granadinos prestó ayuda a los castellanos de Fernando III contra sus propios correligionarios, los cuales se defendían valientemente en la ciudad, y no se rindieron hasta transcurridos seis meses (en Ramadán del año 646/diciembre de 1248). No satisfecho con el apoyo prestado por el soberano hasfí de Túnez, Abú Zajariyya Yahya I, quien le envió víveres y subsidios, intentó aliarse con la dinastía mariní, que por entonces suplantaba a los almohades en Marruecos. Se alió asimismo con los mudéjares de las regiones de Jerez y Murcia, sublevados contra el rey de Castilla Alfonso X, entre 1264 y 1266.
Pero la expansión granadina por esos territorios no duró mucho tiempo. Murcia tuvo que capitular al cabo de un mes de asedio, en 664/1266, y pasó a la obediencia castellana. Las tropas de Alfonso X hostigaron constantemente a los granadinos en el transcurso de las luchas fronterizas, y tras una ofensiva victoriosa, se apoderaron de los últimos núcleos de resistencia musulmana en Jerez, Niebla y Cádiz.

Muhammad II ascendió al trono en 671/1273. Deseoso de sacudir el yugo castellano, el sultán de Granada consiguió el auxilio de los mariníes de Marruecos para llevar la Yihad (Guerra Santa) a España. Un contingente mariní ocupó Tarifa, se hizo entregar Algeciras por un gobernador rebelde y asoló el bajo valle del Guadalquivir en los primeros encuentros con las tropas castellanas. Muhammad II pronto se dio cuenta de que su correligionario mariní intentaba sacar partido de las disensiones en el reino nasrí; así que actuó enérgicamente contra sus parientes levantiscos, y llevó a cabo una política para contrarrestar la influencia mariní en su propio reino.

Desde finales del Siglo XIII, los sultanes nasríes intentaron mantener un difícil equilibrio entre la potencia aplastante de los señores castellanos, y la intrusión de sus aliados mariníes en los asuntos granadinos.


Prosperidad política, militar y artística de Granada

Mientras tanto, se inició la lucha por el estrecho de Gibraltar. Tarifa fue conquistada en 691/1292 por un poderoso ejército castellano. Durante el corto reinado de Muhammad III, se concertó una alianza castellano-aragonesa para proseguir ordenadamente la Reconquista. El joven sultán Nasr intentó recuperar la amistad mariní; abandonó Gibraltar a los castellanos, cedió Ceuta a los mariníes, y estableció un tratado de alianza con ellos. Los marroquíes volvieron pues, a suelo andaluz, y prestaron al reino granadino una ayuda efectiva. El resultado fue que Fernando IV de Castilla levantó el sitio de Algeciras en 709/1310, luego de negociar con el nasrí, y Jaime II de Aragón fue derrotado en su expedición a Almería.

Durante el reino de Muhammad IV llegaron a Granada refuerzos marroquíes. Los contingentes mariníes apoyados por milicas granadinas y naves genovesas, recuperaron Gibraltar en 733/1333. La lucha por el control del estrecho se reanudó en tiempos de Yusuf I. En junio de 740/1340, las tropas zenetas del ambicioso sultán mariní Abul-Hasán acudían a al-Andalus respondiendo al llamado de Yusuf I para efectuar un sitio en regla de Tarifa.
Las fuerzas castellanas no eran suficientes para contrarrestar a tantos enemigos venidos del África, y Alfonso XI de Castilla concertó una alianza militar con su suegro Alfonso IV de Portugal. La batalla decisiva tuvo lugar a orillas del río Salado, en 741/1340, alcanzando los cristianos una aplastante victoria sobre los musulmanes.

Luego de ocupar Algeciras, Alfonso XI concedió una tregua de diez años a Yusuf I. Este sultán fue uno de los más dotados de la dinastía, dio esplendor en monumentos a Granada, estableció excelentes relaciones con Pedro el Ceremonioso de Aragón, aunque fracasó con el sultán mameluco de Egipto.
El rienado de Muhammad V se inició en 755/1354 con un periodo de paz elogiado por las crónicas musulmanas. Se mantuvieron relaciones amistosas con la Castilla de Pedro I, pero Muhammad V fue destronado por su hermanastro Ismail, asesinado a su vez por su primo Muhammad VI. Pedro I se erigió en defensor de los derechos del destronado Muhammad V, a quien prestó ayuda contra el usurpador granadino. Muhammad VI huyó hacia territorio castellano, donde fue muerto en los campos de Tablada, cerca de Sevilla.
Muhammad V, resintalado en su trono, tuvo que proteger su territorio mediante maniobras de política exterior, apoderándose inclusive de Algeciras en 770/1369. Durante su reinado se edificaron en la Alhambra las salas que muestran el florecimiento del arte nasrí.

A Muhammad V sucedió su hijo mayor Yusuf II, quien reinó poco tiempo, siendo sucedido por Muhammad VII, cuyo reinado coincidió con la minoría de edad de Enrique III de Castilla. La turbulenta nobleza castellana iniciaba nuevas intrigas políticas, y Muhammad VII intentó aprovechar la situación, llevando a cabo una serie de expedición rápidas y de objetivos limitados.


Los cristianos vuelven a luchar: la Reconquista hacia su etapa final

A principios del siglo XV, la Reconquista, que había permanecido estancada durante más de medio siglo, representaba un ideal caballeresco para la nobleza castellana, sedienta de gloria. Por otra parte, el crecimiento demográfico y el desarrollo económico hacían posible la reanudación de hostilidades. El infante Fernando, hermano menor de Enrique III, asumió la regencia junto con la reina Catalina de Lancaster durante la minoría de Juan II. Fernando obtuvo de las Cortes los recursos financieros para preparar una lucha a muerte contra Granada. Preparó minuciosamente la campaña, y tomó Antequera en 812/1410. La caída de esta plaza puso de manifiesto, en la Península Ibérica, la vulnerabilidad del reino nasrí.

Durante el primer tercio del siglo XV hubo graves crisis políticas en Granada. Yusuf III, sucesor de Muhammad VII, falleció en 820/1417. Le sucedió Muhammad VIII, cuando la familia árabe Banu Sarray entró a la vida política del reino de Granada. La leyenda los llamaría Abencerrajes. Ellos desencadenaron una guerra civil que debilitó al emirato granadino.
Hubo mientras tanto combates contra los cristianos, como la Batalla de la Higueruela, en tiempos de Juan II, y la recuperación de Gibraltar por las huestes de Enrique IV en 866/1462. Había crisis en Marruecos, y los granadinos ya no podían contar con ayuda mariní. El reino nasrí confiaba en la ayuda de sus hermanos de Oriente, de quienes esperaban una expedición de socorro a al-Andalus. Los mamelucos de Egipto se negaron con diversas excusas. Los turcos otomanos estaban distraídos mientras tanto, ocupándose del sitio, toma y gobierno de Constantinopla en el otro extremo del Mediterráneo.

En 873/1469, el matrimonio de Fernando, hijo y heredero de Juan II de Aragón, con la princesa Isabel de Castilla, hermana de Enrique IV, anunciaba la unificación de España. No obstante, la delicada cuestión de la sucesión al trono provocó disturbios en Castilla; en la frontera granadina, la situación era confusa: los nobles andaluces, semiindependientes del poder central, se enfrentaban entre sí continuamente. En los anales castellanos aparecen citados múltiples incidentes fronterizos seguidos de treguas. La toma del castillo de Zahara por los granadinos, el 27 de diciembre de 886/1481, coincidió con la expiración de la tregua concertada entre Granada y Castilla. Fernando había heredado los estados de la corona de Aragón al morir su padre, en 884/1479. Por el tratado de Alcacobas se puso fin a la guerra civil castellana, se firmaba la paz entre los cristianos de España y Portugal, se pacificó Extremadura y se consolidó a Isabel como reina definitiva del Reino de Castilla.

Fernando e Isabel, unidos por el amor, la religión y la política, dedicaron a partir de ahí todos sus esfuerzos a preparar la guerra contra Granada. Los ejércitos de Aragón y Castilla iban a ser destinados a acabar con el último énclave musulmán en España.


La caída de Granada

La ofensiva castellano-aragonesa se inició con la toma de Alhama, el 29 de marzo de 887/1482. El sultán Abul-Hasan se había hecho desagradable a la población granadina por la promulgación de nuevos impuestos, y finalmente fue destronado, y los Abencerrajes pusieron en el trono a su hijo Abu Abd Allah Muhammad Boabdil.
Boabdil fue hecho prisionero en abril de 888/1483 al atacar la ciudad cristiana de Lucena, pero fue liberado por Fernando el Católico, de quien se reconoció vasallo el nasrí, y se instaló en Guadix.
Aprovechando las disensiones nasríes entre Boabdil y la mancuerna que formaban su padre y su tío (Abul-Hasan y su hermano Muhammad B Sad llamado al-Zagal).
Ahora los castellanos cerraban poco a poco el cerco alrededor del reino de Granada. En cuestiones de asedio, los castellanos, con una poderosa artillería, llevaban siempre la ventaja. Ronda fue tomada en mayo de 1485, Loha en 1486, Málaga en 1487. Boabdil, fiel a su pacto, no intentaba oponer resistencia. Mientras tanto, los reyes de Berbería acogían a los emigrantes granadinos que huían del desastre. Por otro lado, las gestiones del letrado granadino Ibn al Azraq ante el sultán de Egipto Qa it Bay para salvar al agonizante Islam español, no tuvieron ningún éxito.
Después de la caída de Baza en 894/1489, al-Zagal, tío de Boabdil, se rindió a los Reyes Católicos entregándoles Almería y Guadix. Fernando e Isabel permitieron la salida hacia África de la población musulmana. Los combatientes nasríes prosiguieron una lucha desesperada por su territorio, que se reducía cada vez más. Cerca de Granada, en el valle del Genil, la reina Isabel hizo construir una fortaleza sitiadora, Santa Fe.

A finales de agosto de 895/1490 Boabdil entabló negociaciones con los Reyes Católicos para tratar de la rendición de la ciudad. Son escasas las fuentes contemporáneas, y no permiten entender bien si la actitud de Boabdil fue traidora o simplemente realista.
El 25 de abril de 896/1491 se firmaron en Santa Fe los tres documentos que contenían las cláusulas de la capitulación de Granada.
El 2 de enero de 897/1492 Boabdil entregó las llaves de la fortaleza al Gran Comendador de León, don Gutierre de Cárdenas. Seguidamente el conde de Tendilla y sus tropas penetraron en la ciudad; mientras Boabdil salía con su familia, a escondidas de sus súbditos. Al momento de salir rindió homenaje a los Reyes Católicos, que llegaban a las puertas de la ciudad rodeados de soldados de Castilla y Aragón. Boabdil se dirigió al señorío de Alpujarra y posteriormente a Marruecos.

A los granadinos se les permitió conservar sus caballos y sus armas, excepto las de fuego, tenían derecho a seguir orando en las mezquitas y oratorios, conservaron sus jueces, usos y costumbres. El 6 de enero Fernando e Isabel entraban juntos en la ciudad, para organizar su administración.
La Reconquista había concluido; se habían necesitado más de dos siglos y medio para reducir el último bastión del Islam en España.





[1] Daniel Sapia, por ejemplo, publicó dicho documental de The History Channel, en su sitio web, con el título "Las lágrimas de España". Algo curiosísimo de dicho "documental", es que toda su crítica hacia los Reyes Católicos es con respecto a las medidas que tomaron contra los judíos, sin hablar, prácticamente para nada, de los musulmanes, quienes también sufrieron el rigor real.





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