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Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe

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Primavera Indiana, Poema sacrohistórico,
idea de María Santísima de Guadalupe
de México, copiada de flores


Por Carlos de Sigüenza y Góngora (1668)



I
Si merecí Calíope tu acento
de divino furor mi mente inspira,
y en acorde compás da a mi instrumento,
que de marfil canoro, a trompa aspira.
Tu dictamen: atienda a mi concento
cuanto con luces de sus rayos gira
ardiente Febo sin temer fracaso
del chino oriente, al mexicano ocaso.

II
Oiga del septentrión la armoniosa
sonante lira mi armonioso canto
correspondiendo a su atención gloriosa
del clima austral el estrellado manto.
Alto desvelo pompa generosa
del cielo gloria, del Leteo espanto
que con voz de metal canta Talía
o nazca niño el sol, o muera el día.

III
Rompa mi voz al diáfano elemento
los líquidos obstáculos, y errante
encomiendo a sus alas el concento,
que aspira heroico a persistir diamante.
Plausible empresa, soberano intento,
que al eco del clarín siempre triunfante
de la fama veloz monstruo de pluma,
sonará por el polvo y por la espuma.

IV
Si indigna copa a metros raudales
la atención se recata, temerosa
de investigar con números mortales
la inmortal primavera de una rosa.
Al acorde murmullo de cristales,
que Hipocrene dispende vagarosa,
afecte dulce el de Libetra coro
la voz de plata, las cadencias de oro.

V
Matiz mendigue de la primavera,
que afectuoso venero, humilde canto
de Amaltea la copia lisonjera
el de Fabonio colorido manto.
Mientras clarín de superior esfera,
en fijos polos, el florido espanto,
publica del invierno, que volantes
copos, anima en flores rozagantes.

VI
Rinda en vez del aroma nabateo
sonoros cultos mi terrestre labio,
aunque a tan noble majestuoso empleo
querúbicos acentos son agravios.
Los números (modelo del deseo)
sean de tanto empeño desagravio,
mientras al orbe en armoniosa suma
mi voz cadencias, rasgos da mi pluma.

VII
Oh, Tú, que en trono de diamantes puros,
pisando estrellas vistes del sol rayos,
a cuyo lustre ofrecen los Coluros
brillantes luces de su obsequio ensayos.
Purifica mi acento, y mis impuros
labios se animen florecientes mayos
que a tu sombra mi voz bella María
triunfa inmortal del alterable día.

VIII
A la cuarta estación, que señorea
del frígido Aquilón, nieve volante,
corría el año, mientras clamorea
lánguida Clisie al fugitivo amante.
Comunicando liberal Astrea
escarchas al invierno reiterante
y haciendo en desiguales horizontes
selvas del hielo, de la nieve montes.

IX
Al tiempo, pues, que la veloz saeta
remontado blasón de Sagitario
a expensas de la luz del gran planeta
es del Olimpo luminoso erario.
Cuando a Cibeles, próvida y discreta
comunica cristal la urna de Acuario,
vegetó sin influjos de sus giros
flores la tierra, envidia a sus zafiros.

X
Embrión florido de la luz más pura,
que sacros jacta empíreos esplendores,
fueron éstas, con pródiga hermosura,
intempestivas de las breñas flores.
Materia que en su purpúrea asegura
independencias cándidas de horrores:
mayorazgo en lo humano vinculado
pensión infausta del primer pecado.

XI
Yace a la parte, que la Ursa fría
con rígido gobierno, y cetro ufano
en los retiros de la luz tardía
del sol, posee con imperio cano.
Yace del tiempo inculta lozanía
de la pura región breve tirano
multiplicado escollo, cuyas peñas
rígido asombro son de incultas breñas.

XII
Aquí entre toscas peñascosas grutas
opaco albergue dan a Erifictonio
cimas, que exhalan lobregueces brutas
con descrédito infausto de Fabonio.
Siempre sus rocas las venera enjutas,
a pesar del ilustre testimonio
del liquidado cielo, el monte breve,
que niega flores, que raudales bebe.

XIII
Los calvos riscos sólo contribuyen
diametrales al sol rectas centellas,
alma interior, que alientan cuando incluyen
directos rayos las febeas huellas.
Zahareños el corvo diente huyen
óptima causa de las copias bellas;
que domeña estival trillo Sicano
al duro imperio de la dura mano.

XIV
Por veneno sangriento, aljófar puro
les arroja una breve sierpe undosa
a las breñas, que son caduco muro
donde espumas dejó por piel vistosa.
En su seno no admite el monte duro
al argentado monstruo, al fin quejosa
se desliza la sierpe por las breñas
lamiendo rocas, y enroscando peñas.

XV
Emulación del piélago escamoso
templadamente plácida laguna,
del mexicano emporio espejo hermoso,
del Ciprio aborto fluctuante cuna.
Repite en ondas con balance airoso
a estos toscos peñascos una a una
las que baldonan su esquivez ingrata,
con labios de cristal, voces de plata.

XVI
Exenta nunca de inclemencia airada
con pavoroso horror, funesto imperio
goza esta montañuela destemplada
en el occiduo plácido hemisferio.
La volante cuadrilla derrotada
del tímido Faetón, sirvió cauterio
al terreno, que al mayo siempre espanta
tal es su temple, su dureza es tanta.

XVII
Es el americano Guadalupe
antes fúnebre albergue de la noche,
si no fue donde densas nieblas tupe
el claro, del Arturo boreal coche.
Timbre es lustroso el orbe, ya le ocupe
no de este manto azul fogoso broche,
si de Apolo mejor purpúrea aurora
que de fulgentes rayos el sol dora.

XVIII
Del Alcinóe yacen (oh, mortal destino)
las siempre coloridas primaveras,
y Adonis gime las del peregrino
vago pensil memorias lastimeras.
Tesalia yace en este diamantino
asombro de dulcísimas riberas,
y aquí yace llorada de cigarras
Clori difunda en tumba de pizarras.

XIX
Pero a la vista de ese puro rayo,
que el sol empíreo de convexa cumbre
desprendió sin recelo de desmayo
se vegetan las flores con su lumbre.
Rayo has sido del sol, pues vive el mayo
bella María, y con fragrante encumbre
si en el inculto monte Fénix yace
a vista de tu luz Fénix renace.

XX
Moderna envidia, de las rozagantes
del oriente intacto paraíso
las flores son, que tienen por constante
lo que por bello se adquirió Narciso.
Que mucho si pinceles viven antes,
que lampos beban del pastor de Anfriso,
y en competencia airosa galantean
la copia virginal, que colorean.

XXI
Tiempo es ya, tu que al tiempo ofreces vida
délfica inspiración del Cintio Febo
que en concentos sonoros aplaudida
la voz informes, que en el plectro muevo.
Si a tan heroico asunto eres debida
cláusulas glorias de ese asombro nuevo,
cual este nunca vio ni el otro polo,
tarde o no visto del ardiente Apolo.

XXII
Dos lustros vio el orgullo mexicano
ser alfombra su imperio, de la planta
del que al eco previno soberano
de la fama volante trompa tanta.
Carlos, a quien Cortés: detente mano
venera el nombre que al Leteo espanta,
o el tiempo llegue, que en sucinta suma
sean sus hechos rasgos de mi pluma.

XXIII
Cortés del Macedón segunda envidia,
primera gloria del Getulio Marte,
a cuya sombra vuela sin acidia
bárbaros climas regio su estandarte.
Temblando al duro golpe, cuando lidia,
la más austral nevada siempre parte
mientras le dan divisa a sus pendones
graves del Culhuan duras prisiones.

XXIV
éste pues vasto cuerpo, que domeña
al gran Fernando, cuyos huesos ata
oro por nervios, y de peña en peña
por sangre vive la terriza plata.
Ya depuesta por él la inculta greña
renuncia alegre religión ingrata,
mientras Plutón con lágrimas nocturnas
exhaustas llora sus tartáreas urnas.

XXV
Nueva forma sagrada le destina,
la que en trono modera de querubes
sagrada mente, celsitud divina
del mundo breve aun las volantes nubes.
La morada de luces cristalina
te rinda glorias, pues amante subes,
oh México, a ser solio preeminente,
que doran rayos del amor ardiente.

XXVI
La gran Reina de flores colorida
quiere el amor, que al cuerpo informe sea,
lo que a la tierra leve, ahora erguida,
de Prometeo veloz la astuta tea.
La armonía lo aplaude repetida
en el Olimpo, porque el orbe crea,
que ecos dispende ya el zafir canoro
del sublimado, del empíreo coro.

XXVII
Con pronto obsequio, y atención amante
en las plumas del céfiro va Flora
mal enjutas las alas del fragrante
néctar, que usurpa a la purpúrea aurora.
Dirige el curso a la estación constante,
que el desgreñado invierno siempre mora
y con tropas volantes de dulzuras
la esfera inunda de las auras puras.

XXVIII
De más colores, que los que en la opaca
nube, este signo de concordia eterna
matices viste, ya la aurora saca
las que a expensas del sol, flores gobierna.
La florecilla leve, la más flaca
en el mustio color, se descuaderna,
emulando a la Reina de las flores
ámbar en hojas, y en matiz olores.

XXIX
Cual a la roca de los mares canos
inestables baten las inquietas olas,
siendo sus puntas, de cristales vanos,
más argentadas, cuando menos solas.
Tal Guadalupe, de ese monte, insanos
peñascos, con las flores arrebolas,
quedando a trechos, cuando no rizados
con las olas de flores matizados.

XXX
Se exhala el sitio con fragancias bellas,
si el campo vive con flor suave,
gozando en cada flor crespas centellas,
que el cielo todo en Guadalupe cabe.
Mendigad de esta luz claras estrellas,
que mejor que vosotras nadie sabe
la luz, que el centro habita deste monte
del mayor esplendor sacro remonte.

XXXI
Entre tanto esa azul diáfana esfera
los diques rompe, que de ardores baña
dando mares de luces, que venera
humilde el sol, y temeroso extraña.
Mientras la luz fogosa reverbera,
voz atada a sonancias la acompaña,
y aun tiempo con dulcísimo sosiego
rayos sonoros son, voces de fuego.

XXXII
Trono es debido al resplandor luciente
de aquella Majestad, a quien rendidas
las columnas del cielo, en obediente
culto suyo, se muestran prevenidas.
En torno de aquel solio reverente
las alas baten, tanto más floridas
cuanto ardor las gobierna más flamante
en culta prontitud de obsequio amante.

XXXIII
Una de éstas sagrada inteligencia
delega el Consistorio soberano,
que as la tierra pronuncie la excelencia,
que le previene la celeste mano.
Deja ya el Paraninfo la eminencia
del alto empíreo, que encubriendo ufano
el origen de luces, que en sí encierra,
resplandor se dio a sí, sombra a la tierra.

XXXIV
Organiza el aire más lucido
un armónico cuerpo el ángel bello,
envidias del abril era el vestido,
emulación del tíbar el cabello.
Un volante de luces embestido
aprisiona en el terso ebúrneo cuello,
dando en su rostro albergue plancentero
al rojo mayo, y al nevado enero.

XXXV
Cual el rayo, saeta presurosa,
que a la tierra despide de los cielos
el inflexible arco en impetuosa
carga de breves condensados hielos.
Tal la veloz Inteligencia hermosa
rompe del viento diáfano los velos
cercado de otras, que aunque soberanas
bello disfraz las representa humanas.

XXXVI
Termina el vuelo donde yace altiva
la gran Tenochtitlán en áureo trono,
selva de plumas del copil cautiva
de su grandeza real es real abono.
Al hueipil, y quetzal da estimativa
el oro, cuyas máquinas perdono,
y en discurso más dulce, que prolijo,
formó palabras, y razones dijo.

XXXVII
Ahora, que el Danubio proceloso
entrega al mar heréticos raudales,
siendo veneno lúgubre horroroso
los que primero cándidos cristales,
y el águila alemana, al luminoso
planeta de la fe, niega imperiales
obsequios, mendigando entre pavores
funesto horror en vez de resplandores.

XXXVIII
Ahora que el francés lilio florido
negado a la esmeralda, que lo adorna,
se matricula al culto fementido
del heresiarca vil, que la abochorna.
Si con vanos sofismas sólo ha sido
con lo que el ateísmo te soborna,
mísera Francia teme pues se muestra
de horror armada la invencible diestra.

XXXIX
Ahora que a la hidra venenosa
el caudaloso Támesis esconde,
y al padrón de la fe siempre gloriosa
con pervertidos dogmas corresponde.
Esfera fuiste donde victoriosa
la piedad se albergó, y eres hoy donde
(¡ay dolor!) se acicalan atrapadas
contra la ciega fe, ciegas espadas.

XL
Ahora cuando el Aquilón friolento
en cismas arde, que fomenta el vicio,
y que intentan romper con fin violento
del alto cielo el diamantino quicio.
Rigiendo el orbe con furor sangriento
protervas mentes con errado juicio,
y esta máquina exhausta, en lento fuego
vuela en cenizas, por el viento ciego.

XLI
Ahora pues, la celsitud divina
en sacro consistorio soberano,
te levanta a la esfera cristalina,
que empeña astuto el heresiarca vano.
Sube México, pues, sube que dina
tu inocencia te aclama de la mano
de aquel, por quien al orbe ya te induces
pisando rayos, y vistiendo luces.

XLII
El desvelo de Dios, la gran María
se presenta a tus reinos dilatados
aurora bella de luz, que envía
el sol, que brilla en solios estrellados.
Alto don, por que ya se jacta día
la alta noche, en que estabas con errados
dictámenes, si en ciegas ilusiones
ibas sin freno a pálidas regiones.

XLIII
Expresiva es la imagen del instante
en que (aun Neptuno no surcaba espumas
ni albergue daba el Aquilón volante
de vivas flores a volantes sumas.
No el rayo por el viento fluctuante
rasgaba nubes con fogosas plumas)
ya María de mancha preservada
toda era gracia, cuando el mundo nada.

XLIV
Esto dijo, y al viento dio más leve
gallardamente las vistosas alas,
en el olor indicio dio no breve
ser del empíreo las que ostenta galas.
Del orbe deja la región aleve,
fijo su norte en las celestes salas,
siendor alfombra a sus pies esa importuna
rodante esfera de la inestable luna.

XLV
Quedó México de esta gloria inmensa,
cual queda el caminante, que en sombrío
profundo valle, le asaltó con densa
manga de nubes, el invierno frío.
Voló de fuego, con la luz intensa,
tortuosa sierpe, con tan presto brío,
que deja al caminante en neutral calma,
difunto el cuerpo, y palpitante el alma.

XLVI
En esta suspensión de los sentidos,
México estaba, cuando a caso un pobre
(que la inocencia más que en los erguidos
cedros, se alberga en el inculto robre).
Llega a afrontarse con los desmedidos
peñascos, donde teme no zozobre
aun el viento veloz su sutileza,
tales los riscos son, tal su maleza.

XLVII
Llega a afrontarse con el peñascoso
vasto Tepeyácac, donde un concento
suavemente en metro armonioso
tiene el alma suspensa al indio atento.
Extático el sentido, el deleitoso
métrico coro investigó al momento,
intento vano si del cielo nace
que el eco solo entre malezas yace.

XLVIII
Para el curso a la vista de un flamante
prodigio, dulcemente intempestivo,
cada lampo de luz era un diamante
de asombros raros pródigo incentivo.
Lustre en fin de una gran Reina, que en radiante
trono de resplandor nada ofensivo,
(cada voz de dulzuras Nilo inmenso)
al indio, dijo, que atendió suspenso.

XLIX
María soy, de Dios omnipotente
humilde Madre, Virgen soberana,
antorcha, cuya luz indeficiente
norte es lucido a la esperanza humana.
Ara fragrante en templo reverente
México erija donde fue profana
morada de Plutón, cuyos horrores
tala mi planta en tempestad de flores.

L
Aquí la voz de afectuoso ruego,
que a mi piedad virgínea sea votado
verá mis luces el opaco ciego,
y obtendrá el pecho triste dulce agrado.
Ve a la mitra, que en plácido sosiego
rige apacible su rebaño amado,
intímale mi imperio. Y una nube
trono se finge en que al Olimpo sube.

LI
Más que admirado, en dulces suspensiones
tiernamente robados los sentidos,
sin darle al gusto breves disgresiones,
vuela el indio con pasos desmedidos.
Mucho portento fue, pocas razones,
del sagrado pastor, que escucha atento
las que el humilde Juan dio a los oídos
crédulo poco a misterioso intento.

LII
Camina triste, hacia el eriazo monte
de no haber merecido algún agrado,
cuando inundó de luz el horizonte
la gran Reina, que había venerado.
Más fogoso que el carro de Faetonte
el bello solio fue, donde postrado
dio la respuesta el indio temeroso,
con voz sumisa, y ánimo amoroso.

LIII
Dispónele a segundas obediencias
y vuelve Juan diciendo que María
intima venerar sus excelencias
hacia los reinos de Calixto fría.
Danle a las voces cultas reverencias,
y en certificación de quien le envía,
le ruegan traiga de las vastas breñas,
de la Virgen intacta, intactas señas.

LIV
Menos confuso, al tímido paraje
vuela Juan espoleado del deseo,
dice, que su obediencia sin ultraje
de la incredulidad tuvo trofeo.
Que le piden de aquel tosco boscaje
para la ejecución de tanto empleo,
señas de mano de tan gran Señora,
que las difiere a la siguiente aurora.

LV
Apenas anunció el rubio Apolo,
la esposa de Titón, el presto vuelo:
cuando camina el indio, al monte solo.
Al término final de su desvelo
(Plausible día al mexicano polo)
sube al monte por montes mil de hielo
ciego obediente de la gran María
por varias flores, que en el monte había.

LVI
éstas, le dice son, éstas las claras
divinas señas de mi dulce imperio,
por ellas se me erijan cultas aras
en este vasto rígido hemisferio.
No hagas patente a las profanas caras
tan prodigioso plácido misterio,
sólo al sacro pastor, que ya te espera
muéstrale esa portátil primavera.

LVII
Hácelo así, y al descoger la manta,
fragrante lluvia de pintadas rosas
el suelo inunda, y lo que más espanta
(¡oh, maravillas del amor gloriosas!)
Es ver lucida entre floresta tanta,
a expensas de unas líneas prodigiosas
una copia, una imagen, un traslado
de la Reina del cielo más volado.

LVIII
Soberana Pandora de las flores
quedó María, a cuyo obsequio dieron
esas del prado estrellas, los colores,
que a influjos de la aurora recibieron.
La púrpura el clavel, y los candores
la azucena, y jazmín no retrujeron,
lo azul el lirio, y para más decoro
desprendió Clisie sus madejas de oro.

LIX
Ese aborto de Clorida fragrante
el matiz, que se viste más lucido,
el aroma, que exhala más volante
a tanta Reina lo ofreció rendido.
De la humilde violeta a la triunfante
Reina del prado, feudo fue al vestido,
que a la luna, que al sol, que a las estrellas
a paz indujo en conveniencias bellas.

LX
En púrpura la túnica se enciende,
rojo campo a las líneas reveladas,
que el oro finge cuando más se enciende,
o en las sombras fallece retiradas.
Del manto azul el estrellado pende
flamante cielo, cuyas remontadas
lucientes llamas fingen en la tierra
ardores bellos, que el Olimpo encierra.

LXI
Todo el sol rayo a rayo le circunda
la planta airosa, y el semblante honesto
ya en ropaje, ya en cidarijocunda
su luz discurre, en movimiento presto.
De la émula del sol la luz segunda
la planta elige (inmejorable puesto)
y un serafín con ademán galante
es de este empíreo matizado Atlante.

LXII
Pero qué conveniencia soberana
con matices efímeros, la idea
del desvelo de Dios tiene, que ufana
la pregona a los vientos Amaltea.
Prestándole el albor de la mañana
sucinto rosicler, roja montea.
¿Qué avarienta mendiga de las flores
del jardín culto, breves resplandores?

LXIII
Para tan generoso ministerio
porción no diera el trépido lucero,
de ese pendiente turquesado imperio
lucido nuncio del horror severo.
Previniera este plácido misterio,
pues con plumas de luz vuela ligero
dando nuevas a aquél, y este horizonte
que el mundo vive, pues vivió Faetonte.

LXIV
Ese móvil espejo variable,
errante dueño de la sombra fría,
su esplendor corvo mantuviera estable
a expensas nobles del autor del día.
Su tributo fue un tiempo deleitable
del augusto coturno de María,
hoy con tropas de luces dirigiera
nocturnos rayos, que del sol bebiera.

LXV
La eclíptica olvidara luminosa
ni al torneado epiciclo de topacio
leve contribución diera fogosa
la crespa antorcha del azul palacio.
En ofrenda reluciente la vistosa
rizada llama, que alentó el espacio
de los ejes, con vuelo presuroso
al solio diera, que admiró lustroso.

LXVI
Y tú, que con carbunclos te blasonas
pavón nocturno, si al celeste manto
con desiguales luces le coronas,
brillante asombro, del sombrío espanto.
Cese el tributo, ¿para qué eslabonas
tanto turquí de luz, a la que canto
intacta Reina, pues se viste estrellas
matices rinde, cuando no centellas?

LXVII
No, no pinten la imagen resplandores
que jactan por origen, el luciente,
de los bronces torneados entre albores,
alcázar patrio de la luz naciente.
Ya fogosos cedieron sus ardores
con pecho airoso, en culto indeficiente,
cuando a vista de un águila María
púrpura al viento, emulación dio al día.

LXVIII
Si entre breñas la patria fue sagrada
de este portento de uno, y otro mundo,
que mucho es Flora, el aura sosegada
al monte impela, que previó infecundo.
De aromáticas flores matizada
triunfó María, y con placer jocundo
cada flor, que le sirve de divisa
de abril es pompa, si del mayo risa.

LXIX
Cese pues, la atención que pensativa
examina el efecto prodigioso,
o el sagrado dictamen, que motiva
a tanto extremo el brazo poderoso.
Toda una primavera fue expresiva
en tosca tilma del trasunto hermoso,
que a despecho del rígido diciembre
influye mayos a la inculta urdiembre.

LXX
Más que prodigio, cuidadoso esmero
fue de la omnipotencia, que la copia
de tanto original, del placentero
abril vistiese la grandeza propia.
Oh, bello asunto, a quien en más venero
por quedarte con gracia nada impropia
entre fragrosas de peñascos calles
del campo flor, y lilio de los valles.

LXXI
Prodigios grandes, en pequeña esfera,
bien que esfera de glorias soberanas,
la admiración extática venera,
suspendiéndole el ser luces ufanas.
Si el embrión de esta luz fue primavera,
sirvan voces floridas, más que humanas
de aquesta gloria, a una pequeña suma,
que dicta el alma, y trasladó la pluma.

LXXII
Purpúreo aborto de la blanca aurora,
matutino esplendor del áureo día,
enrojeciendo campos, que el sol dora
visten las flores, crespa argentería.
Aún no el vario horizonte se colora
con la luz que de oriente el sol envía,
y son a expensas de su lucimiento
pensil de olores, que sacude el viento.

LXXIII
Aquesta pues república olorosa,
bella a vista, y al olfato bella,
anima en cada flor una vistosa
con rayos de ámbar rozagante estrella.
No ultraje su grandeza la enconosa
villana espina, pues que exenta de ella,
(aunque a los troncos su esquivez maltrata)
libre la flor su púrpura dilata.

LXXIV
De ámbar se viste el oloroso prado,
que en pintadas bujetas atesora,
quedando con fragancias perfumado
el bello alcázar, que fomenta Flora.
A instancias de sí mismo, liquidado
su aroma se difunde a cuanto dora
el topacio encendido, que los cielos
a tumbos mide en repetidos vuelos.

LXXV
Luz primiceria del sagrado oriente,
soberano candor de la mañana
fue la Reina, que en solio refulgente
del desvelo de Dios fue pompa ufana.
En divinas fragancias cultamente
a la esfera se exhala soberana,
si flor se finge en competencia al mayo,
el sol empíreo se desprende rayo.

LXXVI
A despecho del tronco fementido
de donde se deriva su belleza,
intacta bella flor se ha concebido
en sacra pompa, exenta de maleza.
Libre de espinas brota del florido
siempre ameno vergel de su pureza,
y entre púas hibernas rozagante
es flor en pompa, y en el ser diamante.

LXXVII
Del sellado jardín de las virtudes
ámbar se exhala, o se liquida aroma,
fragrando en más activas prontitudes,
que cuanta Arabia desperdicia goma.
Pues que admiro, que en nobles actitudes
perfume el risco tan fragrante poma,
si porque empíreo resplandor lo ocupe
es ya alcázar del alba Guadalupe.

LXXVIII
Basta pluma, reprime el afectuoso
conato heroico de tu vuelo ardiente,
rémora sea al curso presuroso
de tanta Reina el resplandor fulgente.
Pues será si pretendes, este hermoso
prodigio, investigar irreverente
querer escudriñarle al oro venas,
al cielo rayos, o a la mar arenas.

LXXIX
Tenue la voz pequeña la armonía,
al son cantaba de zampoña ruda,
al tiempo que el autor vago del día
por el áureo vellón el signo muda.
Gane por tierra, si perdió por mía
la voz que afecta contra la sañuda
voracidad del tiempo duraciones,
siendo atractivo a heroicas suspensiones.




GLOSARIO

alcázar: 1. m. fortaleza (recinto fortificado). 2. m. Casa real o habitación del príncipe, esté o no fortificada.

aljófar: 1. m. Perla de forma irregular y, comúnmente, pequeña.

aquilón: 1. m. norte (lugar situado al norte de otro). 2. m. Viento procedente del norte.

baldonar: 1. tr. Injuriar a alguien de palabra en su cara.

breña: 1. f. Tierra quebrada entre peñas y poblada de maleza.

bujeta: 1. f. desus. Caja de madera. 2. f. desus. Pomo para perfumes que se solía llevar en la faltriquera. 3. f. desus. Caja pequeña en que se guardaba este pomo.

celsitud: 1. f. Elevación, grandeza y excelencia de alguien o algo.

ciprio: 1. adj. desus. chipriota (natural de la isla de Chipre en el Mediterráneo).

coluro: 1. m. Astr. Cada uno de los dos círculos máximos de la esfera celeste, los cuales pasan por los polos del mundo y cortan a la Eclíptica.

conato: 1. m. Inicio de una acción que se frustra antes de llegar a su término. 2. m. Propensión, tendencia, propósito. 3. m. Empeño y esfuerzo en la ejecución de algo.

concento: 1. m. Canto acordado y armonioso de diversas voces.

coturno: 1. m. Calzado de suela de corcho sumamente gruesa usado por los actores trágicos de la Antigüedad grecorromana para parecer más altos. 2. m. Calzado inventado por los griegos y adoptado por los romanos, que cubría hasta la pantorrilla.

ebúrneo: 1. adj. De marfil.

empíreo: 1. adj. Celestial, divino.

epiciclo: 1. m. Astr. Círculo que, en la astronomía ptolemaica, se suponía descrito por un planeta alrededor de un centro que se movía en otro círculo alrededor de la Tierra.

eriazo: 1. adj. Erial. Dicho de una tierra o de un campo: Sin cultivar ni labrar.

fénix: 1. m. Ave fabulosa que los antiguos creyeron que era única y renacía de sus cenizas. 2. m. Persona o cosa exquisita o única en su especie. El fénix de los ingenios.

fluctuante: 1 adj. Cuerpo que vacila sobre las aguas por el movimiento agitado de ellas. 2 adj. Cosa que corre el riesgo de perderse y arruinarse.

fragrante: 1. adj. Que tiene o despide fragancia. 2. adj. Que arde o resplandece.

getulio: 1. adj. Natural de Getulia, país del áfrica antigua, al sur de Numidia.

heresiarca: 1. m. Autor de una herejía.

jocundo: 1. adj. Plácido, alegre, agradable.

lampo: 1. m. poét. Resplandor o brillo pronto y fugaz, como el del relámpago.

nabateo: 1. adj. Se dice del individuo de un antiguo pueblo de la Arabia Pétrea, entre el mar Rojo y el río éufrates.

occiduo: 1. adj. Perteneciente o relativo al ocaso.

paraninfo: 1. m. En algunas universidades, salón de actos. 2. m. En las universidades, persona que anunciaba la entrada del curso, estimulando al estudio con una oración retórica. 3. m. p. us. Padrino de bodas. 4. m. p. us. Anunciador de una felicidad.

pensil: 1. adj. Pendiente o colgado en el aire. 2. m. Jardín delicioso.

primiceria: 1. adj. Dicho de una persona: Que es primera o superior a las demás en su línea.

rémora: 1. f. Cosa que detiene, embarga o suspende.

rosicler: 1. m. Color rosado, claro y suave de la aurora.

solio: 1. m. trono (asiento con gradas y dosel).

vellón: 1. m. Conjunto de la lana de un carnero u oveja que se esquila.

tíbar: 1. adj. desus. De oro puro.

zahareño: 1. adj. Cineg. Dicho de un pájaro bravo: Que no se amansa, o que con mucha dificultad se domestica. 2. adj. Desdeñoso, esquivo, intratable o irreductible.

zampoña: 1. f. Instrumento rústico, a modo de flauta, o compuesto de muchas flautas. 2. f. Flautilla de la caña del alcacer.


NOMBRES PROPIOS


Acuario: 1. Undécimo signo del Zodiaco, comprende los días entre el 20 de Enero y el 18 de Febrero. 2. Constelación zodiacal del hemisferio sur, situada entre Capricornio y los Peces.

Adonis: 1. mit. Joven de legendaria hermosura de quien se enamoró Afrodita, al morir atacado por un jabalí, la diosa lo convirtió en anémona.

Amaltea: 1. mit. Hija de Meliso, rey de Creta, que crió a Zeus con la leche de una cabra, o también se refiere al nombre de la cabra con que las hijas de Meliso alimentaron a Zeus. El dios a cambio hizo que un cuerno de la cabra produjera cuanto quisiesen; el cuerno de la abundancia.

Apolo: 1. mit. Dios de los oráculos, los rebaños y conductor del carro del Sol, hijo de Júpiter (Zeus) y de Latona (Leto), hermano de Diana, tenía en Delfos un oráculo y un templo.

Arturo: 1. Estrella alfa en la constelación del Boyero y una de las más brillantes del Hemisferio Norte, con un diámetro de 30 millones de km., dista 32.6 años luz de nuestro sistema solar.

Astrea: 1. mit. Hija de Zeus y Temis en la mitología griega; diosa de la justicia a la que se representa generalmente con una balanza en la mano y una corona de estrellas.

Calíope: 1. mit. Una de las nueves musas de la mitología clásica, madre de Lino y Orfeo. Presidía la elocuencia y la poesía épica-; se la representa con el estilo en la mano.

Calixto: 1. mit. Ninfa que habiendo decidido permanecer virgen, fue mancillada por Zeus y dio a luz a un hijo, Arcas, padre de los arcadios. Convertida en osa por la diosa Hera, fue asaetada por la diosa Artemisa. Llevada al cielo por Zeus, se convirtió en la Constelación de la Osa Mayor.

Cibeles: 1. mit. Diosa de la tierra, hija de Urano y esposa de Cronos. Fue madre de los dioses olímpicos, conocida también como Rea. Su culto se originó en Frigia.

Clisie: 1. mit. Nombre modificado de Clitia, hija de Océano y Tetis, hermana de Leucótoe. Enamorada de Apolo y celosa de su hermana, contó a Océano los amoríos de Apolo y Leucótoe. Muerta ésta por órdenes de Océano, Apolo abandonó también a Clisie, quien se dejó morir de hambre.

Clori:1. mit. Clori o Cloris; ninfa de la mitología clásica, esposa de Céfiro, del que recibió como dote el imperio de las flores.

Culhuan: 1. G. Nombre abreviado de Culhuacan, ciudad estado del Altiplano Mexicano poblada por nahuas y chichimecas, que existía desde la época de esplendor de Tula. Era uno de los principales señoríos del lago de Texcoco cuando surgió Tenochtitlán. Finalmente fue destruida durante las guerras expansivas de los aztecas.

Erifictonio: 1. mit. Nombre alargado de Erictonio, nacido del dios Hefesto y de Gea, la tierra, cuando él intentaba abusar de la diosa Atenea. Erictonio se convirtió en uno de los reyes de Atenas. El relato es del mitógrafo Apolodoro.

Fabonio: 1. mit. Nombre del viento del Poniente, utilizado en poemas.

Faetón: 1. mit. También llamado Faetonte, era hijo de Helios, el sol, y de la ninfa Climena. Habiendo alardeado de ser hijo del sol, se propuso convencer a sus incrédulos amigos, y obtuvo de Helios el permiso de guiar por un día el carro del sol. Su inexperiencia hizo que el sol de acercara peligrosamente a la Tierra y la hiciera arder. Zeus intervino golpeando el carro con un rayo y Faetón cayó al río Erídano, muriendo ahogado.

Febo: 1. mit. Nombre alternativo del dios Apolo, en alusión al Sol y a la luz. 2. El Sol.

Flora: 1. mit. Diosa romana de las flores, los jardines y la Primavera, amada por Céfiro.

Hipocrene: 1. mit. Fuente mitológica que hizo brotar Pegaso dando un golpe con sus cascos en la falda del monte Helicón. Estaba consagrada a las Musas.

Leteo: 1. mit. Era uno de los ríos que cruzaban el Tártaro o Infierno. Por sus orillas pasaban las almas y bebían de sus aguas para olvidar el pasado.

Libetra: 1. G. Lugar de la mitología griega donde las Musas sepultaron a Orfeo, muerto por órdenes del dios Dionisios.

Marte: 1. mit. Dios romano de la guerra, hijo de Júpiter y Juno; de su unión con la vestal Rea Silvia nacieron Rómulo y Remo (fundadores de Roma), a él le dedicaron los romanos el tercer mes del año, Marzo. Se le identifica con el Ares de los griegos.

Prometeo: 1. mit. Titán de la mitología griega, hijo de Japeto y Clímene, hermano de los titanes Atlas, Epimeteo y Menecio, pero muy superior a ellos en astucia y audacia. Creó a los hombres, y desdeñando los designios de Zeus, robó fuego del carro del sol para que los hombres pudieran calentarse. Fundó los sacrificios de animales para los dioses, pero engañó a Zeus haciéndole elegir la grasa y los huesos y dejando la carne a los hombres. Zeus, irritado, se llevó el fuego de la tierra, pero Prometeo volvió a ridiculizarlo robando otra vez el fuego y dándoselo a los hombres. El castigo de Zeus fue enviar a los hombres las calamidades desatadas por la caja de Pandora, y poner encadenado a Prometeo en el Cáucaso, donde un águila le devoraba el hígado todos los días (puesto que su hígado volvía a crecer). Más tarde fue liberado por Hércules y volvió al Olimpo.

Sagitario: 1. Noveno signo del Zodiaco, que va del 23 de noviembre al 21 de diciembre. 2. Constelación de la vía Láctea situada por debajo del plano del Ecuador y es visible por los días del solsticio de invierno.

Talía: 1. mit. Una de las tres Gracias y también de las nueve Musas, presidía la comedia, el idilio y la poesía bucólica; se le representa con una máscara cómica, un cayado o una guirnalda de hiedra.

Tesalia: 1. G. Zona situada al norte de Grecia colindando con Macedonia, con costa en el mar Egeo. Fue una región importante de Grecia, famosa por sus caballos; conquistada por Filipo II de Macedonia en el siglo IV A.C.




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Bibliografía:



PEñALOSA Joaquín Antonio, Flor y Canto de Poesía Guadalupana, Edit. JUS, 1a. Ed. 1987

SELECCIONES READERīS&DIGEST, Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado, Ed. Readerīs&Digest México S.A. de C.V., 1978