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Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe

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Las Informaciones Jurídicas de 1666
(parte 2)
A favor y en contra de los testimonios
por JESúS HERNáNDEZ (Junio 2007)




Algunas opiniones desfavorables a las Informaciones de 1666




Quienes niegan la historicidad de la Aparición, en varias oportunidades, han expresado su opinión contraria a lo que dicen las Informaciones de 1666.
Por tratarse de un proceso formal, bajo juramento de decir la verdad, los antiaparicionistas (serios), encuentran difícil hablar de las Informaciones. Los no serios ni lo necesitan, pues con gran calma se limitan a ignorar las Informaciones, como si no existieran, o a tacharlas de mentirosas sin ningún análisis.


La crítica de Stafford Poole a las Informaciones de 1666


Es diferente cuando una persona arguye con razones contra la veracidad de las Informaciones. Así ocurre con el p. Stafford Poole, historiador estadounidense, quien en Septiembre de 2000 escribió un pequeño artículo publicado por el p. Manuel Olimón Nolasco en su obra La búsqueda de Juan Diego, págs. 103-112, y en dicho artículo (p. 109), opina lo siguiente:

Palabras de Stafford Poole:

Las Informaciones jurídicas de 1666. A primera vista, parecen muy persuasivas. Sin embargo, hay razones para tener cuidado de aceptar acríticamente estos testimonios:

1) Aparecen de 115 a 116 años después de la fecha tradicional de las apariciones. La fuerza de la tradición oral se debilita por la carencia de cualquier evidencia de alguna tradición oral entre 1531 y 1666.

2) La copia existente de las Informaciones no es original. Difiere en la paginación de la que usó Francisco de Florencia en su libro Estrella del Norte y puede datar del siglo XVIII.

3) Todos, excepto uno, de los testimonios se rindieron en náhuatl a través de un intérprete, pero no hay trazo de gramática, sintaxis o idea náhuatl en la versión en español. Queda claro que las traducciones fueron convertidas en formas testimoniales estándar en español.

Como evidencia de las apariciones, estos testimonios son seriamente defectuosos.




Ahora comentemos estas observaciones:

1) Aparecen de 115 a 116 años después de la fecha tradicional de las apariciones. La fuerza de la tradición oral se debilita por la carencia de cualquier evidencia de alguna tradición oral entre 1531 y 1666.

El jesuita y doctor en Historia de la Iglesia, Peter Gumpelb, comenta así la objeción de Poole: ¿Cuál es el sentido de la afirmación de Poole de que la fuerza de la tradición oral está debilitada por falta de "evidencia" de una tradición oral entre los años 1531-1666? Los testimonios recogidos son una evidente demostración precisamente de la existencia de esta tradición entre los años 1531-1666. Y el tiempo que transcurre es de 135 años, no los 115-116 que plantea Poole.



2) La copia existente de las Informaciones no es original. Difiere en la paginación de la que usó Francisco de Florencia en su libro Estrella del Norte y puede datar del siglo XVIII.

El p. Poole escribe en el año 2000 que la copia de las Informaciones que se conserva no es original. él no podía saber que en 2001 el p. Eduardo Chávez Sánchez iba a descubrir el traslado original. Descubierto éste, la objeción de Poole pierde vigencia.



3) Todos, excepto uno, de los testimonios se rindieron en náhuatl a través de un intérprete, pero no hay trazo de gramática, sintaxis o idea náhuatl en la versión en español. Queda claro que las traducciones fueron convertidas en formas testimoniales estándar en español.

Por alguna razón se equivoca el p. Poole. Sólo 7 de los testigos declararon en náhuatl, todos ellos pobladores de Cuauhtitlán. Uno de ellos, el mestizo Marcos Pacheco, declaró en español, del mismo modo que declararon en español los 12 testigos de la ciudad de México, y del mismo modo que Becerra Tanco entregó su testimonio en español.
Las preguntas fueron formuladas solemnemente, y las respuestas eran sencillas. ¿Cómo encontrar sintaxis, idea o gramática náhuatl en una traducción al español? Ni sintaxis, porque la sintaxis varía entre el español y el náhuatl, ni gramática, salvo unas cuantas palabras, porque todo era traducido. Ni idea náhuatl, porque se les preguntaba por detalles específicos de una Aparición cristiana.




La crítica de Joaquín García Icazbalceta a las Informaciones de 1666


Más graves, y de un tono agresivo, son las que propinó el ilustre historiógrafo Joaquín García Icazbalceta en su Carta acerca del origen de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, publicada formalmente en 1896 (aunque anónimamente en 1890). Leamos un extracto:

Palabras de Joaquín García Icazbalceta:

La información se hacía ciento treinta y cuatro años después de la fecha que se asigna al suceso, y claro es que no podían quedar ya testigos de vista. Pero se encontraron oportunamente indios octogenarios y aun más que centenarios, que alcanzaron á padres ó abuelos igualmente longevos, de manera que con dos vidas bastó para remontarse á 1531 y más allá. Lo incomprensible es que antes de 1648 todo el mundo ignoraba la Aparición; no hubo escritor que la refiriese, ni aun por incidencia: el P. Bustamante predicaba un sermón que equivalía a negarla: ninguno de esos ancianos de Cuauhtitlán, que se hallaban tan bien informados sus padres y abuelos, advirtió á los capellanes de la ermita el valor del tesoro que guardaban: ellos ignoraban todo y eran unos "Adanes dormidos":el culto había decaído al extremo de no existir en lugar público de la ciudad de México más que una copia de la Virgen de Guadalupe; y en medio de ese silencio general, apenas publica el P. Sánchez su libro sin comprobante, cuando la devoción vuelve a encenderse, toman parte en fomentarla corporaciones tan respetables como el Cabildo Eclesiástico; llévase el asunto por aclaración á Roma; aparecen por todas partes testigos calificados que unánimes y bajo juramento declaran saber de mucho tiempo atrás lo que hasta entonces nadie, ni ellos habían sabido.

La lectura más superficial de la Información del Sr. Montúfar, sin otra prueba, deja en el ánimo una convicción absoluta de que la historia fué inventada después; y sin embargo, a los ciento diez años hay quienes afirmen haberla oído á los que la recogieron de la boca misma de Juan Diego. No me haría fuerza el caso si solamente tratara de los testigos indios, porque siempre han sido propensos á las narraciones maravillosas, y no muy acreditados por su veracidad; pero cuando veo que sacerdotes graves y caballeros ilustres afirman la misma falsedad, no puedo menos de confundirme, considerando hasta dónde puede llegar el contagio moral y el extravío del sentimiento religioso. No cabe decir que esos testigos se acercaban a ciencia cierta con un perjurio; pero es visto que afirmaban bajo juramento lo que no era verdad.



Existen respuestas para estas observaciones de Icazbalceta:

1) Lo incomprensible es que antes de 1648 todo el mundo ignoraba la Aparición; no hubo escritor que la refiriese, ni aun por incidencia

hubo antes de 1648 quienes mencionaran la aparición. Ahí está Valeriano con el Nican Mopohua; los Anales de Juan Bautista, Anales de Chimalpaín, Anales coloniales de Tlatelolco y México, Anales de México y sus alrededores o Anónimo A, el Anónimo B, Anales de Puebla y Tlaxcala, Anales de Catedral, Añalejo de Bartolache, Relación Primitiva, Coplas a la partida de la Guadalupana de México al Tepeyac (1634), Historia de la Virgen de los Remedios (antes de 1622)... en fin...



2) en medio de ese silencio general, apenas publica el P. Sánchez su libro sin comprobante, cuando la devoción vuelve a encenderse, toman parte en fomentarla corporaciones tan respetables como el Cabildo Eclesiástico; llévase el asunto por aclaración á Roma; aparecen por todas partes testigos calificados que unánimes y bajo juramento declaran saber de mucho tiempo atrás lo que hasta entonces nadie, ni ellos habían sabido.

Miguel Sánchez publicó su libro en 1648, sólo en español. ¿Cómo es posible que lo leyeran los indios de Cuauhtitlán -quienes sólo hablaban náhuatl-, y que, hipnotizados, afirmaran bajo juramento cosas falsas?



3) No cabe decir que esos testigos se acercaban a ciencia cierta con un perjurio; pero es visto que afirmaban bajo juramento lo que no era verdad.

Resulta fuera de toda ética, afirmar sin pruebas que los testigos, que ponían a Dios por testigo de sus afirmaciones, mintieran a sabienda valiéndose de juramentos. En la sociedad se les reconocía como personas de honor, de decencia y de honestidad. El juicio que más de doscientos años después les hace Icazbalceta, no tiene mayor fuerza que la del prejuicio. Nadie creerá que 21 testigos seleccionados cuidadosamente, interrogados por separado y sometidos a juramento sagrado; perjuraron a propósito, sólo porque sus declaraciones no convengan al señor Icazbalceta.





La crítica de Xavier Noguez a las Informaciones de 1666

Quienes intentaron evitar que El Vaticano canonizara a Juan Diego, enviaron cartas a Roma pidiendo la suspensión del proceso. El 27 de septiembre de 1999 escribieron una carta Guillermo Schulemburg, Carlos Warnholtz y Esteban Martínez de la Serna, en la que critican a los postuladores de la causa por no citar en su estudio el libro de Xavier Noguez, que es una tesis titulada Documentos guadalupanos, un estudio sobre las fuentes de información tempranas en torno a las mariofanías del Tepeyac, obra de 1993. El 14 de mayo de 2000, los mismos firmantes, acompañados por otros personajes, redactaron una nueva carta en la que elogian nuevamente la obra de Noguez (quien es maestro en Historia por la U.N.A.M. y doctor en Estudios Latinoamericanos por la Tulane University), descalificando de paso el método científico de los postuladores de la causa.
Los postuladores a que se hace referencia fueron Eduardo Chávez Sánchez, José Luis Guerrero Rosado y Fidel González Fernández, autores de El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, magnífica obra, repleta de datos históricos. Para quien interese, voy a transcribir los comentarios que hace el doctor Xavier Noguez a las Informaciones de 1666 (págs. 187-189 de su obra):

Palabras de Xavier Noguez:

1) Los datos recogidos entre los vecinos de Cuauhtitlán no resisten un análisis historiográfico; no son nuevas fuentes históricas, sino segmentos de uno de los relatos mariofánicos preservado entre los habitantes de esa población.

2) ¿Son las tradiciones mariofánicas guadalupanas una forma sui generis de historia? ¿Pueden ser considerados como fuentes de información histórica los datos provenientes de las tradiciones transmitidas oralmente?

3) ...debemos insistir que para el caso particular de las apariciones guadalupanas no disponemos de documentos de testigos presenciales que pudieran dar validez al registro histórico de un acto milagroso (por ejemplo, una referencia específica de Zumárraga a la aparición sería de gran valor histórico).

4) La información guadalupana, plural y colectiva, proviene de tradiciones indígenas que se reestructuraron en un medium cristiano. No proviene de registros de documentos realizados por personajes cuya existencia histórica haya sido plenamente comprobada y que estuvieron presentes al momento del milagro o inmediatamente después.

5) Dos eminentes escritores, Juan Bautista Muñoz (1794) y Joaquín García Icazbalceta (1883) claramente negaron el valor histórico de las tradiciones nativas.




Respondemos a los incisos señalados (yo dividí esas afirmaciones en incisos, para mayor comodidad):

1) Los datos recogidos entre los vecinos de Cuauhtitlán no resisten un análisis historiográfico; no son nuevas fuentes históricas, sino segmentos de uno de los relatos mariofánicos preservado entre los habitantes de esa población.

No sólo Xavier Noguez, sino también Stafford Poole, en sus estudios dan mínima importancia a los testimonios de 1666 recabados entre habitantes de la ciudad de México. Cuando hablan de las Informaciones, hablan comúnmente de los testigos indios de Cuauhtitlán.
En su p. 125, Noguez considera interesantes los testimonios, por no seguir la versión "oficial" del suceso. Ahora dice que no son "nuevas fuentes históricas". Pero si en 1666 había datos desconocidos, que ni Sánchez ni Lasso de la Vega habían mencionado en 1648/49, fuerza es convenir que los datos de los testigos indios introducen información nueva, y si no son sus testimonios nuevas fuentes, sí lo es el relato mariofánico preservado en Cuauhtitlán, que sus padres y familiares les transmitieron, y que contenía detalles desconocidos hasta entonces.

También afirma que los testimonios de los indios de 1666 "no resisten un análisis historiográfico". Lo que no nos dice es por qué. ¿Dónde está ese análisis historiográfico? No está en su obra, puesto que él simplemente describe lo que fue el proceso y algunas declaraciones de los testigos. Un análisis historiográfico implicaría revisar el mismo documento, y ver si su hechura y contenido son realmente históricos. Si revisamos las preguntas formuladas a los testigos, se les pregunta por hechos históricos, por la forma en que saben de ellos, y lo que responden es registrado notarialmente. Lo que informan se puede cotejar con otras fuentes, como el Nican Mopohua, los anales indígenas citados, la Relación Primitiva, etc. ¿Dirá la historiografía que un proceso con esas características es inválido?
Si testimonios juramentados, de 21 personas interrogadas por separado, que respondieron detalladamente, reconociendo con honestidad que de algunas cosas no estaban seguros o no se acordaban, y que fueron anotadas y certificadas por un notario, "no resisten un análisis historiográfico", entonces no habrá NINGúN documento histórico que lo resista.



2) ¿Son las tradiciones mariofánicas guadalupanas una forma sui generis de historia? ¿Pueden ser considerados como fuentes de información histórica los datos provenientes de las tradiciones transmitidas oralmente?

A estas dos preguntas respondemos que sí, en parte. Aunque no consideramos que la tradición oral sea "sui generis", pues es una forma muy común de transmisión de noticias históricas. Para ejemplos próximos a la Mariofanía Guadalupana, tenemos a Sahagún, con su Historia General de las Cosas de Nueva España, quien recurrió a informantes indios sobre las costumbres, mitos y antigüedades de los mexicanos. Y cuando no existía la imprenta, durante toda la Edad Media, la tradición oral fue necesaria durante generaciones enteras. Aun si en un hecho histórico es alguien inmediato quien lo registra, es posible encontrar que, después o mucho después, se conserven testimonios o datos escritos posteriormente al hecho, que den detalles desconocidos sobre el mismo.



3) ...debemos insistir que para el caso particular de las apariciones guadalupanas no disponemos de documentos de testigos presenciales que pudieran dar validez al registro histórico de un acto milagroso (por ejemplo, una referencia específica de Zumárraga a la aparición sería de gran valor histórico).

Y nosotros debemos insistir en que la tradición oral, que para el caso particular de las apariciones guadalupanas es abundante, se remonta hasta los testigos presenciales. Quienes conocieron a Juan Diego y Juan Bernardino, recibieron de ellos directamente el testimonio (como es el caso de Lorenzo Tlaxtlatzontli, padre de Juana de la Concepción). No están los documentos, pero sí están los datos correspondientes.

Para el caso de Zumárraga, recordamos al doctor Noguez que, aunque no se poseen esas referencias específicas de Zumárraga a la Aparición, existen testimonios de que sí hubo esas referencias específicas. La primera, en lo que serían los autos originales de la Aparición (testimonio de Miguel Sánchez en las Informaciones de 1666), y una carta de Zumárraga a los religiosos de Vitoria, España (testimonio de fray Pedro Pérez de Mezquía, recogido por Cayetano Cabrera y Quintero en su Escudo de Armas).
Y mientras en otros ámbitos estos testigos se hayan mostrado veraces (y el p. Sánchez obligado por el juramento sagrado), y mientras no se demuestre que en algo mintieron con deliberación o se equivocaron garrafalmente (ambas cosas distintas a exagerar o adornar sucesos), sus testimonios son válidos.



4) La información guadalupana, plural y colectiva, proviene de tradiciones indígenas que se reestructuraron en un medium cristiano. No proviene de registros de documentos realizados por personajes cuya existencia histórica haya sido plenamente comprobada y que estuvieron presentes al momento del milagro o inmediatamente después.

Nada de eso hace inválida la información de 1666. La información de los testigos se basaba en lo que sus padres o ancestros les habían dejado dicho, y ellos, a su vez, lo conocían, o bien por testigos directos, o bien indirectos, pero contemporáneos del suceso. Con esto se cumple ese requisito de testigos presentes al momento del milagro. No lo estaban, creemos, en el lugar del milagro, pero esto no obsta para que la información sea aceptada.



5) Dos eminentes escritores, Juan Bautista Muñoz (1794) y Joaquín García Icazbalceta (1883) claramente negaron el valor histórico de las tradiciones nativas.

Así es, efectivamente, ¿pero sabemos en qué se basaban Muñoz e Icazbalceta para descalificar las tradiciones nativas?

Pues Muñoz, en su conocida Memoria sobre las apariciones..., en el núm. 15 cita una frase de Luis Becerra Tanco que dice así:

"A todo lo demás que dijeren los naturales del día de hoy, aunque sean muy ancianos, acerca de sus antigüedades, no debe darse crédito, por haber faltado las personas de suposición que había entre ellos; y porque lo que hoy afirman los indios de su antigüedad es con muchos errores, confuso y sin orden"


Estas palabras las asienta Becerra Tanco en su Origen milagroso del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, y el señor Noguez, y quien quiera, lo puede comprobar en el libro Testimonios históricos guadalupanos de De la Torre Villar y Navarro de Anda, pág. 331.
Y quien compare el párrafo copiado por Muñoz, con el párrafo completo de Becerra Tanco, notará que Muñoz mutiló el párrafo, pues éste, completo, dice:

"A todo lo demás que dijeren los naturales del día de hoy, aunque sean muy ancianos, acerca de sus antigüedades, no debe darse crédito, por haber faltado las personas de suposición que había entre ellos; y porque los que han aprendido de nosotros a leer y escribir a nuestro modo, no entienden los caracteres antiguos de sus historias, y han olvidado el cómputo de sus siglos, acomodándose al de nuestro calendario, y asimismo a los meses de nuestro año y a las festividades que celebran nuestra Santa Madre Iglesia; y porque lo que hoy afirman los indios de su antigüedad es con muchos errores, confuso y sin orden"


Resaltamos las partes que Muñoz dejó sin copiar. Si leemos además, las palabras de Becerra Tanco precedentes a éste párrafo, concluiremos que:
-En lo que respecta a los datos sobre la Aparición Guadalupana y la vida de Juan Diego, Becerra considera válida la tradición india.
-No habla de todos los indios, sino sólo de los "que han aprendido de nosotros (los españoles) a leer y escribir a nuestro modo (el español)". Y los testigos indios de 1666 no leían ni escribían al modo español, así que no entran en esta categoría.
-No critica lo que recuerden los indios de sucesos posteriores a la Conquista, sino de sus antigüedades, sus historias, es decir, la época prehispánica, y aduce para ello que esos indios son incapaces de acomodar su calendario con el cristiano. Así que Muñoz se mostró tendencioso al citar a Becerra Tanco, y lo que opine sobre las tradiciones nativas... los resultados lo dicen, no es gran cosa.

En cuanto a Icazbalceta, se limita a decir (en su carta citada) que los indios "siempre han sido propensos á las narraciones maravillosas, y no muy acreditados por su veracidad". Si esto fuera cierto, no se explica uno por qué hay, entre las declaraciones de los testigos, honestas confesiones de desconocimiento de algunas cosas o de falta de memoria sobre ellas.
En nuestros días, semejante declaración sobre los indios no podría suscitar menos que un escándalo por racismo. Que haya entre los indios mentirosos, como en todas las razas, no lo dudamos. Que todos los indios lo sean, francamente lo negamos. Y si lo fueron, debemos dudar de una buena parte de la historia mexicana antigua, pues si los indios eran "no muy acreditados por su veracidad", los códices y pinturas indias, a través de las cuales nos ha llegado lo que sabemos de la historia de las culturas prehispánicas, son fuentes muy dudosas. ¿Por qué no entonces suponer que los indios inventaron TODA la historia prehispánica?
Y si seguimos entonces, el criterio del señor Icazbalceta, no podemos confiar mas que en la Historia de México posterior a la Conquista, la anterior muy probablemente es falsa...

Finalmente, si el señor Noguez invoca a dos eminentes escritores que negaron el valor histórico de los testimonios indígenas de 1666, nosotros invocamos a otros escritores no menos eminentes, que sí han considerado válidos esos testimonios:

El jesuita Francisco de Florencia dice en el cap. XIII de su Estrella del Norte...:

Y a la verdad, a quienes después de leídas y consideradas estas razones, no hiciera fuerza esta Información, hecha con tanta diligencia y circunspección, con tanto celo y prudencia, para creer, como moralmente cierta, la admirable Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe de México, no se la hará (milagrosa), ni la creerán (séame lícito decirlo con las palabras del mismo Evangelio): Etiam si mortui resurgati non credent. Aunque resuciten y se la oigan (la Información) a aquellos propios testigos de vista, Juan Diego, Juan Bernardino, el obispo Zumárraga y los demás que lo vieron con sus ojos. Porque testificar unos hombres de 80, de 100 y de más años, con juramento, lo que oyeron a los que en tiempo del milagro vivían y lo supieron de los sujetos por cuyo medio lo obró Dios, como queda referido, es un cierto modo de reproducirlos y resucitarlos, para que nos testifiquen e informen de lo que pasó por ellos. Y quien se mostrare incrédulo a éstos, ¡ni a aquellos ha de dar crédito!



En su poderosa Contestación histórico-crítica, que no es sino una refutación a la carta de Icazbalceta, el Obispo de Cuernavaca Fortino Hipólito Vera dice así (núm. CLVII):

Deséchese la Información de 1666, y tendrán que desecharse cuantas se han formado de caso exceptuado ante la Sagrada Congregación Romana, lo cual no debe ni pensarse. Cuando se oye a testigos de toda excepción que declaran lo que oyeron sobre el Milagro a todo género de personas ancianas, y esto siempre, es preciso confesar que sólo el contagio de las ideas de Bustamante, Muñoz y Mier, puede hacer a sus discípulos cerrar los ojos para no ver con toda claridad lo que se precian de creer y publicar todos los mexicanos, cuando se trata del asombroso Portento del Tepeyac. Las Informaciones de 1666, pese a lo que pesare al contrincante y a los de su escuela, siempre serán un monumento fechaciente de la creencia nacional en el Milagro, e inexcusable será todo el que, con ridículas conjeturas, quiera borrar tan glorioso timbre de la Iglesia Mexicana.



El sacerdote historiador p. Mariano Cuevas, S.J., dice en su Álbum histórico guadalupano:

Los mismos que tratan de desvirtuar estos actos (del proceso informatorio de 1666), no se atreven a afirmar que hubo perjuro a sabiendas, ni por parte de estos indios principales, ni menos por parte de los egregios eclesiásticos que jurando in verbo sacerdotis hubieran pecado muy torpemente, celebrando la Santa Misa bajo el nombre de Dios e invocándole por testigo, de la burda farsa que quieren fingirse los antiaparicionistas...



El obispo de Huejutla, Mons. José de Jesús Manríquez y Zárate, declaró a propósito de las Informaciones:

Son un documento guadalupano que supera en fuerza probativa a todos los demás... y basta y sobra para fundamentar el Proceso que se iniciará en la curia romana para dar comienzo a los trabajos de la canonización de Juan Diego.



Por su parte, Primo Feliciano Velázquez, al responder a Icazbalceta, declara en su libro La aparición de Santa María de Guadalupe, cap. XVIII:

¿De qué otra manera podía comprobarse lo que en particular concernía a los indios? Otros que no lo fueron, trece entre sacerdotes y caballeros seglares, todos sujetos de lustre, atestiguaron también, unánimes y concordes, como recibida de sus padres y abuelos y otras personas antiguas, de todos estados, puestos y calidades, la noticia de la aparición de la santa Imagen en la tilma de Juan Diego. Dos más hicieron lo mismo, en el primer tercio del siglo XVIII; siendo uno de ellos el V. fray Antonio Margil de Jesús. Con los cuales se contaron veintitrés testigos intachables.

Para desecharlas (sus declaraciones), habría que demostrar que los testigos no pudieron haber oído lo que refieren; y para desvirtuar la confirmación que de ellas hacen quince personas prominentes, indispensable sería probar que éstas son indignas de fe.



También historiador, el p. Agustín de la Rosa fue igualmente contradictor de Icazbalceta, en su excelente Defensa de la Aparición de Ntra. Sra. de Guadalupe, y donde en el núm. 32 dice lo siguiente:

Dígase de buena si no es evidente que aun sólo con las declaraciones de estos testigos quedó demostrada histórica y jurídicamente con el mayor rigor que pudieran exigir los historiógrafos y jurisconsultos el hecho de la aparición y su creencia constante y generalmente extendida.

Ellos eran respetados en la sociedad por su honradez y conocimientos; comprendían lo que es el juramento y que no se honra a Dios sino que se incurre ante su presencia en un crimen gravísimo mintiendo con juramentos, y mucho más afirmando la creencia de milagros falsos o destituidos de sólido fundamento. Decir que esta clase de personas poniendo a Dios por testigo afirmaron que sabían desde mucho tiempo atrás un milagro que hasta entonces nadie ni ellos habían sabido, es suponer que se hallaban en sumo grado de depravación o con lamentable transtorno mental; y que los jueces que los llamaron a la sociedad que les reconocía instrucción, honor y sensatez también carecían de sentido común . A tales absurdos conduce la idea del Sr. Icazbalceta de unos testigos graves e ilustres jurando que saben hace tiempo lo que nadie ni ellos conocen. Y como sería una locura admitir tan inauditos absurdos, es necesario reconocer que aún sólo los trece testigos que no fueron indios probaron sobreabundantemente la verdad de la aparición. Estos trece testigos son más que suficientes. Pero también es muy justo desechar el desfavorable concepto que formó el Sr. Icazbalceta de los indios que dieron testimonio. La religiosidad de los indios, por la cual no habían de violar su juramento, y el buen criterio de los jueces que los escogieron, garantizan la averiguación y la verdad. Más todos estos testigos afirmaron lo que oyeron de sus padres o de otras personas que a su vez supieron la aparición aun de los que vivieron en el tiempo del suceso.

La grande multitud y la diversidad de las personas y de las ocasiones en que hablaban, sin ponerse previamente de acuerdo y refiriendo como generalmente reconocida la verdad del hecho de la aparición, prueba evidentemente su verdad.



Tenemos también a la vista el juicio del p. José Bravo Ugarte sobre las Informaciones, ubicado en su obra Cuestiones históricas guadalupanas (pág. 16):

Las Informaciones de 1666 recogieron la tradición oral. Esta, cuando reúne las cuatro condiciones -de ser amplia o extensa, en cuanto al número de testigos de cada generación; constante, esto es, no interrumpida desde que tuvo lugar el hecho hasta el momento en que se la recoge; relativa a hechos públicos y de interés; y en fin, uniforme en lo referente a la substancia del hecho y principales circunstancias- produce certeza, pues tal tradición nos lleva hasta los testigos inmediatos del suceso, manifestándonos que éstos conocieron la verdad del hecho y lo refirieron con fidelidad, pues de otra manera la tradición no sería amplia ni constante ni uniforme. Por consiguiente, si conocemos el hecho como lo conocieron los testigos inmediatos, conocemos la verdad.



Para rematar, finalmente, tenemos al p. Lauro López Beltrán, fecundo autor de obras guadalupanas y escrupuloso en su documentación, quien dice así (en Cuestionario guadalupano, p. 86):

Es auténtico este documento de las Informaciones Jurídicas Guadalupanas de 1666, porque se refiere a los autores y actores a quienes se atribuye, sin que nadie diga lo contrario, y por que en sí y por sí solo considerado tiene intrínseca fuerza de probar.
Es público, además, porque se levantaron y substanciaron oficialmente y se llevaron a cabo con plena potestad, jurisdicción y autoridad. Y es jurídico, finalmente, porque su fuerza y eficacia demostrativa ha sido aprobada por un Tribunal competente, el de la Sagrada Congregación de Ritos.


Todo esto, para que se vea que no argumentamos solos, y que si el señor Noguez se apoyó en Muñoz y García Icazbalceta, nosotros igualmente contamos con eminentes escritores a nuestro favor.


Validez histórica y jurídica de las Informaciones de 1666




Conviene, finalmente, insistir en el carácter serio y formal de estas Informaciones; quien crea en la Aparición podrá ver la solidez de estos testimonios, y que son ineficaces los argumentos que pueden tener contra ellos los antiaparicionistas.

En el apartado anterior vimos como Xavier Noguez las juzgaba incapaces de resistir un análisis historiográfico, pero nosotros concretamente quisiéramos ver qué tiene la Ciencia de la Historia que decir contra la validez de estas Informaciones.
Los resultados a la vista le dan soporte a su veracidad. Vamos, pues, a señalar algunos puntos importantes:

-Entre los testigos indios de Cuauhtitlán encontramos a varios que ocuparon cargos y puestos de autoridad en su pueblo. Marcos Pacheco fue dos veces alcalde ordinario de Cuauhtitlán, y regidor y alguacil mayor de la Iglesia del mismo pueblo. Andrés Juan fue "mandón y oficial de República" de los indios de Cuauhtitlán. Juana de la Concepción fue hija de un gran cacique de Cuauhtitlán, don Lorenzo Tlaxtlatzontli. Pablo Xuárez era gobernador de los indios de Cuauhtitlán al momento de ser interrogado. Martín de San Luis fue muchas veces alcalde ordinario de Cuauhtitlán. Juan Xuárez ostentó el cargo de regidor mayor, con lo que solamente Gabriel Xuárez y Catalina Mónica no fueron, o no estuvieron relacionados inmediatamente con personas de cargo de autoridad.

Y esto viene a cuento, porque para estos cargos se requería responsabilidad civil y autoridad moral, y ambas cosas están marcadas ante todo por honestidad. Todo esto aboga por la credibilidad de sus declaraciones.


Me permito copiar algunas Anotaciones a las Informaciones de 1666 escritas por el doctor en Derecho Canónico Raúl Soto Vázquez (contenidas en el libro de Chávez Sánchez, La Virgen de Guadalupe y Juan Diego en las Informaciones..., p. 32-33):

1.-Fueron elegidos como jueces en este proceso los capitulares de Catedral, esto es, personajes del alto clero, que al p. Cuevas le parecen con razón sabios y fidedignos, pero no así a alguno de los antiguadalupanos. Generalmente, los capitulares eran elegidos entre los que, teniendo grados académicos, eran destacados miembros del clero. La mayor parte de ellos eran normalmente nombrados por Roma y presentados por el Real Patronato.

2.-Las Informaciones están hechas con testigos que recibieron el testimonio de personas que conocieron directamente al vidente, 135 años después del hecho guadalupano. Esto es perfectamente lógico, puesto que se pueden cubrir 150 y 175 años por medio de estos testimonios. (Quiero poner un ejemplo: el que escribe esto conoció a dos abuelas y dos bisabuelas. Mis bisabuelas nacieron hacia el año 1875, pero hablaban del testimonio de sus padres y abuelos, quienes vivieron la guerra de Texas, la invasión norteamericana y el imperio de Maximiliano). Todos los testigos estaban bajo juramento. (En la actualidad no tenemos la noción exacta de la densidad del juramento en otras épocas). Estamos en plena Colonia, en que existía el Tribunal del Santo Oficio que tutelaba la fe del pueblo, y en el que una mentira podía tener resultados imprevisibles (nota del copista: la Inquisición, efectivamente, podía castigar con gran severidad perjurios en asunto tan delicado)

3.-Los testigos son testes contestes, en lo fundamental, lo que da la garantía de su autenticidad. La honestidad de las declaraciones y la complementaridad fundamental de ellas da garantía de certeza, sin que obsten ciertos detalles contrarios, pero no contradictorios. La honestidad de los testigos no puede ponerse en duda: ancianos indígenas, criollos y mestizos, sacerdotes, religiosos y laicos, todos coinciden tanto en el hecho guadalupano como en la santidad del vidente.

4.-Como jurista acostumbrado a los procesos canónicos, las Informaciones de 1666 son el argumento más contundente de la historicidad de Juan Diego. Sin ellas, a pesar de los muchísimos testimonios colaterales que la afirman, habría una laguna informativa fundamental.

6.-Después de los acuciosos estudios de la Santa Sede por varios especialistas, tanto extranjeros como nacionales, que han agotado todo el material disponible y reciente, no puede ponerse en duda la historicidad de Juan Diego, que puede demostrarse históricamente. Negarlo proviene en unos de una cierta ceguera intelectual, en otros de la ligereza o el prejuicio antirreligioso que, sin ahondar e investigar con seriedad estas nuevas aportaciones, audazmente niegan un hecho evidente.


El Derecho Canónico y las Informaciones de 1666

El p. José Luis Guerrero Rosado examina desde el punto de vista canónico los testimonios de 1666, poniendo en juego su título de Licenciado en Derecho Canónico.

-Empecemos por ver lo que dice el Código de Derecho Canónico en su canon 1572:

Can. 1572 - In aestimandis testimoniis iudex, requisitis, si opus sit, testimonialibus litteris, consideret:
1_ quae condicio sit personae, quaeve honestas;
2_ utrum de scientia propria, praesertim de visu et auditu proprio testificetur, an de sua opinione, de fama, aut de auditu ab aliis;
3_ utrum testis constans sit et firmiter sibi cohaereat, an varius, incertus vel vacillans;
4_ utrum testimonii contestes habeat, aliisve probationis elementis confirmetur necne.
http://www.intratext.com/IXT/LAT0010/_P62.HTM


Que, traducido, dice:

1572 Al valorar los testimonios, el juez debe considerar los siguientes aspectos, solicitando cartas testimoniales, si es necesario:
1 cuál sea la condición de la persona y su honradez;
2 si declara de ciencia propia, principalmente lo que ha visto u oído, o si manifiesta su opinión, o lo que es sentir común o ha oído a otros;
3 si el testigo es constante y firmemente coherente consigo mismo, o si es variable, inseguro o vacilante;
4 si hay testimonios contestes, o si la declaración se confirma o no con otros elementos de prueba.

http://www.vatican.va/archive/ESL0020/__P5Z.HTM/



A continuación copiamos algunos de los comentarios de José Luis Guerrero:

-Se trata de 21 testimonios, además de 7 peritos en el arte de la pintura que examinaron la tilma de manera directa, y 3 científicos, llamados "protomédicos", que inspeccionaron el ambiente y condiciones del Tepeyac. Se trata pues, de 31 participantes, que declaran todos bajo juramento de decir toda y solo la verdad. Por su condición, pues, con sólo tomar en cuenta su edad, y siendo 11 de ellos sacerdotes, todos merecen fe plena, y tanto más en una época en que se tomaba inmensamente en serio el juramento. En cuanto a su honradez, no hay la menor base para suponer que no la tuviesen igualmente plena, y tanto menos para suponer que fuese el Tribunal el que no hubiese sido honesto.


-Ninguno de los testigos podía ser de vista, y todos declararon serlo de oídas. Los más ancianos sencillamente no pudieron evitar el convivir con sus mayores, que, por definición, fueron contemporáneos del acontecimiento, cosa que vale para todos los testigos de Cuauhtitlán, que son de auditu a videntibus.


-Ni uno solo de los 21 testigos fue vacilante, inconstante o incoherente. Reconocían lo que ignoraban o no recordaban bien. Añadían, además y por su cuenta, detalles que no se les habían preguntado, y la coherencia consigo mismos y con los demás es total. Por lo tanto, podemos darnos cuenta, que esas Informaciones Jurídicas están del todo apegadas a derecho, y tanto que en 1894 se les dio carácter de Proceso Apostólico.


-Todo lo que ellos refieren concuerda con todos los elementos de prueba que poseemos: lugares, fechas, circunstancias, protagonistas, etc. Mas aun, las leves discrepancias y errores -que los hay-, son precisamente garantía de fidedignidad, es decir que no se pusieron de acuerdo para referir todos lo mismo, de que no ensayaron y de que tampoco los intérpretes o notarios redujeron sin más todas las declaraciones a un cartabón establecido.

-Afirmar sin prueba alguna que ancianos venerables, todos bajo juramento, y muchos de ellos sacerdotes que expresamente declaraban haber celebrado la Eucaristía pidiendo la gracia de ser objetivos y veraces, estaban sin embargo y con lujo de hipocresía mintiendo, es algo fuera de toda proporción.


-Sin embargo, hay que admitir que, si constara con entera certeza que no hubo aparición (y el p. Poole e Icazbalceta de eso están seguros), esa postura extrema, incluso calumniosa de acusar a los indios de inveteradamente fantasiosos y a los españoles de demencia senil, sería la única forma caritativa de exclusarlos de algo muchísimo más grave: el delito de perjurio, penado incluso hoy por el canon 1368; pero la excusa resulta tan débil, pues no se concibe que 21 testigos selectos estén todos igualmente idiotizados, que un Tribunal Eclesiástico lo esté también, y al grado de fundar en ellos una petición oficial al Vaticano, que la impresión que queda es que, efectivamente, tuvieron TODOS que mentir a sabiendas, puesto que "afirmaban bajo juramento lo que no era verdad" (cit. Icazbalceta), y que, peor aún, fue la actitud del Tribunal, pues, con lo que no pudo ser sino lujo de mala fe, armó una "entera investigación capitular cuidadosamente ensayada y montada" (cit. Poole), y con el fin expreso de engañar a Roma.

Nos topamos, pues, con la inevitabilidad de tener que abocarnos a juzgar no la ciencia, sino la conciencia del Tribunal y sus testigos.


Para finalizar este artículo, introduzco un fragmento de la conclusión de los postuladores de la causa. El Encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, p. 501-502:

"Las Informaciones Jurídicas de 1666, como Proceso Apostólico -sanado en raíz- en 1894 y levantadas desde 1666 en forma de derecho, han sido una de las pruebas más importantes y testimonio irrefutable para todo este tipo de manifestaciones históricas, de las que sobresalen las pontificias, y que últimamente sirvieron para fundamentar la causa de beatificación del indio Juan Diego, llevada a cabo por el Papa Juan Pablo II el 6 de mayo de 1990 en la Basílica de Guadalupe. Además, han sido pieza clave para las pronunciaciones de todos los obispos reunidos en el Sínodo de América en 1997, y de donde el papa Juan Pablo II ha definido con claridad lo que significa para la evangelización María de Guadalupe"

Para quien guste, recomiendo, en el mismo libro de El Encuentro..., todo el capítulo V, relativo a los Documentos Indígenas, y que empieza por estudiar el modo indio de transmitir y conservar la información, base fundamental de cualquier análisis historiográfico de estas Informaciones de 1666.


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Bibliografía:



ANDRADE, Vicente de Paula, Estudio histórico sobre la Leyenda Guadalupana, en Testimonios Históricos Guadalupanos

Becerra Tanco Luis, Origen milagroso del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en TORRE VILLAR Y NAVARRO DE ANDA, Testimonios Históricos Guadalupanos

BRAVO UGARTE José, Cuestiones históricas guadalupanas, Edit. JUS, 2a. Ed. 1966

CHÁVEZ SÁNCHEZ Eduardo, La Virgen de Guadalupe y Juan Diego en las Informaciones Jurídicas de 1666, (con facsímil del original), Edición del Instituto de Estudios Teológicos e Históricos Guadalupanos, 2002

GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín, Carta acerca del origen de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, en TORRE VILLAR Y NAVARRO DE ANDA, Testimonios Históricos Guadalupanos

GONZáLEZ FERNáNDEZ Fidel, CHáVEZ SáNCHEZ Eduardo y GUERRERO ROSADO José Luis, El Encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, Edit. Porrúa, 4a. Ed. 2001

INFORMACIONES DE 1666, facsímil del original con traslación, en CHáVEZ SáNCHEZ Eduardo, La Virgen de Guadalupe y Juan Diego en las Informaciones Jurídicas de 1666

LÓPEZ BELTRÁN Lauro, Cuestionario Guadalupano, Edit. Tradición 1973

Muñoz Juan Bautista, Memoria sobre las apariciones y el culto de Nuestra Señora de Guadalupe, en Testimonios Históricos Guadalupanos

NóGUEZ Xavier, Documentos guadalupanos, un estudio sobre las fuentes de información tempranas en torno a las mariofanías del Tepeyac, Fondo de Cultura Económica, 1993

OLIMÓN NOLASCO Manuel, La Búsqueda de Juan Diego, Edit. Plaza&Janés, 1a. Ed. 2002

ROSA, Agustín de la, Defensa de la Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe y refutación de la carta en la que la impugna un historiógrafo de México, en TORRE VILLAR Y NAVARRO DE ANDA, Testimonios Históricos Guadalupanos

TORRE VILLAR, Ernesto de la, y NAVARRO DE ANDA Ramiro, Testimonios Históricos Guadalupanos, Fondo de Cultura Económica, 1a. Ed. 2a. Reimpresión, 2004

VELáZQUEZ Primo Feliciano, La Aparición de Santa María de Guadalupe, Edit. JUS, edición facsimilar de la primera edición de 1931, 1981

VERA Fortino Hipólito, Contestación histórico crítica en defensa de la maravillosa aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe, al anónimo intitulado Exquisitio Historica y a otro anónimo también que se dice Libro de Sensación, Querétaro, Impresión de la Escuela de Artes, Calle Nueva núm. 10, 1892