.

Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe

.
....

Exámenes de artistas
y médicos novohispanos

....



Introducción al tema de los estudios científicos



Con este capítulo inicio un tema muy extenso, el de los exámenes artísticos y científicos que se le han hecho al ayate de Juan Diego desde el siglo inmediato a la aparición, siglo XVII, hasta los exámenes hechos en fechas recientes.
Una impresión milagrosa como la guadalupana, tenía que despertar la curiosidad de muchas personas, ¿De qué está hecha? ¿Qué hay en la parte "de atrás" de la tilma? ¿De qué tela está hecho el ayate?, y cuestiones similares.
Para la comprobación de un milagro, es preciso el conocimiento científico del mismo, que corroborará si el citado milagro es verdaderamente un suceso inexplicable para la ciencia, sobrenatural y divino. Desde S.S. Benedicto XIV esto ha sido una cuestión que ha preocupado a muchos teólogos y estudiosos, por no ser fácil esa comprobación. La Congregación para la Causa de los Santos es extremadamente lenta en los estudios particulares, y con mucha frecuencia no acepta los casos puestos a prueba.

En casos como el de la Guadalupana, donde el milagro sólo es corolario de una Aparición, de una Mariofanía, se precisan pruebas aun más contundentes. La Aparición de Lourdes ha sido comprobada no sólo por los arrebatos místicos de Santa Bernardita Soubirous, sino también por el surgimiento de agua en la gruta y de las curaciones milagrosas que Dios ha obrado por medio de dicha agua.
El caso de la Virgen de Fátima tiene también comprobaciones externas a la Aparición, tales como el milagro del sol "bailando" en el cielo, o de las famosas profecías de Fátima.

La Aparición Guadalupana, anterior a estas dos, tiene también varios elementos probatorios, de los cuales ya hemos analizado algunos. Por ejemplo, es un hecho histórico que los indígenas se resistían a convertirse al cristianismo, pero después de la fecha de la Aparición (1531), empezó una oleada de conversiones inexplicable, dada la antítesis ideológica de los indios con la predicación de los frailes. O bien milagros por intercesión de N.S. de Guadalupe, algunos de ellos reseñados en el Nican Motecpana.


En Lourdes, la Santísima Virgen dejó agua milagrosa como prueba patente de Su Presencia ahí y de Su Aparición. En México la Virgen dejó una Imagen Impresa, dejó su retrato en un ayate de indio, que se quedó con nosotros y para nosotros, y que por bondad de Dios persiste en permanecer con nosotros, sorteando elementos destructores que vamos a estudiar en este tema.
El ayate de Juan Diego permaneció en el Tepeyac después de las apariciones, y sólo salió de ahí en 1629 durante una inundación general en la ciudad de México, permaneciendo en la Catedral Metropolitana hasta 1634, año en que volvió a su ermita en Tepeaquilla.
Ha sido examinado por médicos, artistas, sacerdotes, químicos, oftalmólogos, científicos generales, fotógrafos, dibujantes, artesanos, un técnico en computación, un microbiólogo, etc. Han habido muchos estudios y dictámenes emitidos por quienes examinaron la imagen a lo largo de los siglos, y la mayor parte de dichos dictámenes han hablado en favor del carácter milagroso de la imagen estampada, que vamos a exponer ordenadamente.
Imparcialmente, se ha de admitir que no todos los dictámenes han sido favorables al milagro guadalupano; son minoría pero una minoría digna de tomar en cuenta y de sopesar con los dictámenes "a favor".


Es necesario exponer este tema con mucho cuidado y aun con reservas, pues se presta a mucho sensacionalismo y estimula la imaginación. Por eso mismo muchos antiaparicionistas han preferido ignorar esta parte del Fenómeno Guadalupano, por justa desconfianza en quienes han presentado los estudios científicos sobre la Guadalupana de forma tendenciosa, sobrecargada o inclusive supersticiosa. No cabe duda que los estudios científicos son una parte importante del Fenómeno Guadalupano, pero no son la más importante ni la que mejor demuestra la verdad de las apariciones. La Ciencia Humana, pobre y limitada como es, tiene que subordinarse a la Fe, que es la que debe primar en el asunto guadalupano.

Y esto también reza para el caso de la Santa Biblia. Son muchas personas las que pretenden encontrar cosas como "códigos ocultos en la Biblia", profecías "entre líneas" que hasta aseguran que ya se cumplieron o que se están cumpliendo, morbosidad por las palabras proféticas del libro de Apocalipsis, que ha sido blanco de mucho sensacionalismo tipo "Fin del Mundo".

Iniciaré, pues, el tema, por los primeros exámenes oculares de la tilma con la imagen guadalupana, y que corresponden al año de 1666.



Pintores y Protomédicos de 1666



El año de 1666 es clave en la Historiografía Guadalupana, pues en esa fecha se llevaron a cabo las Informaciones Jurídicas sobre el Suceso Guadalupano, con motivo de pedir a Roma la misa y el oficio de Nuestra Señora de Guadalupe.

Por la importancia de las Informaciones, debo analizarlas en un capítulo aparte, que prometo incluir en esta Investigación Guadalupana. Por el momento sólo daré algunos detalles muy "al vapor": Estas Informaciones consistieron en un cuestionario hecho a indios de Cuautitlán y México, además de varios españoles, dando un total de 20 testigos; por su tenor, las preguntas van encaminadas a tratar de la historicidad de las apariciones, para así poder presentar a Roma datos fidedignos. Al final del proceso, un grupo de 7 acreditados pintores, y tres médicos -a quien se llama "los protomédicos"- examinaron la imagen con interés artístico los primeros, y científico los segundos.

El documento en el que se recogieron las Informaciones contiene también el extracto del examen realizado por los pintores y los protomédicos, y a ellas se puede recurrir en este tópico. Me apoyo también en el Cuestionario Guadalupano publicado por el p. Lauro López Beltrán en 1953 y que proporciona un panorama ordenado de estos análisis y de los posteriores que vamos a estudiar.

Terminado el interrogatorio, y asentado que el licenciado Luis Becerra Tanco entregó testimonio por escrito, dedica el documento una parte a "la Inspección de esta santa imagen de nuestra Señora".
El examen tuvo lugar el día 13 de Marzo de 1666, en presencia del virrey de Nueva España, también presidente de la Real Audiencia, don Antonio Sebastián de Toledo Molina y Salazar, marqués de Mancera, y de los miembros del Tribunal de las Informaciones.

Los pintores (peritos) fueron: El Licenciado Juan Salguero, sacerdote de 58 años y maestro en el arte de la pintura por más de 30 años; el bachiller Tomás Conrado, de 28 años y maestro en la facultad de la pintura por más de 8 años; Sebastián López Dávalos, de 50 años y maestro pintor por más de 30 años; Nicolás de Fuenlabrada, mayor de 50 años y pintor por más de 20, Nicolás de Angulo, de más de 30 años y pintor desde los 10, Juan Sánchez Salmerón y Alonso Zárate Barrios, ambos pintores de renombre como los demás. Los siete fueron escogidos entre los más hábiles coloristas de la Nueva España.

En presencia del notario apostólico y público Lic. D. Luis de Perea, los pintores pasaron uno por uno a examinar la imagen y posteriormente lo hicieron en conjunto; a revisarla por adelante y atrás. Posteriormente, se les pidió una conclusión formal.

¿Qué dictaminaron los peritos en Arte?

Colocaré parte del dictamen de los peritos tal como fue asentado originalmente, en el facsimil de las Informaciones de 1666, con su correspondiente transliteración para hacerla más legible. (Clic para ver las imágenes con más detalle)

Que es imposible que humanamente pueda ningún Artífice que pueda pintar y obrar cosa tan primorosa, limpia y bien formada en un lienzo tan tosco, como lo es la Tilma o Ayate en que está aquella divina y soberana Pintura de la Virgen Santísima Nuestra Señora de Guadalupe que han visto y reconocido por estar obrada
con tan grandes primores y hermosura de rostro y manos, que admira y pasma a estos Declarantes, y a todos cuantos la ven = Y así mismo la disposición y partes tan bien distribuidas de su Santísimo Cuerpo y lindos trazos y Arte del ropaje, que no ha de haber pintor, por diestro que sea y muy bueno como los ha habido en esta Nueva Espa
ña, que perfectamente le acierte a imitar el colorido, ni determinar si es al Temple o al óleo, la dicha Pintura, porque parece lo uno y lo otro; y no es lo que parece, porque Dios nuestro Señor solamente, sabe el secreto de esta obra y la perpetuidad de su conservación en la fortaleza y permanencia de sus lindos colores y dorado de Estrellas, labores y orla de la-


La conclusión conjunta que ofrecen, es, por lo tanto, que es inexplicable que en un lienzo tan tosco se haya podido hacer una imagen tan perfecta como la Guadalupana. No atinan tampoco a encontrar el estilo de pintura, y se declaran pasmados ante ella.
Declaran también que la pintura no tiene aparejo, es decir, que el lienzo no fue preparado previamente para pintar en el; su conclusión en resumen es que la imagen es obra de un milagro divino. Asentaron sus declaraciones bajo juramento, ante notario y con los procedimientos legales de derecho.


Los protomédicos

En 1666 había en la Nueva España una comisión llamada Real Tribunal del Protomedicato,establecido por cédula real desde 1628, y que desapareció hasta 1831. Era un cuerpo integrado por los mejores médicos de la Nueva España, y sus funciones eran examinar a médicos, cirujanos, boticarios, barberos, flebotomianos, dentistas, algebristas, hernistas y parteras; expedir licencias después de aprobado el examen profesional; imponer castigos por ejercer la medicina sin autorización; aprobar textos para la enseñanza de la medicina y la cirugía; imprimir cartillas a sangradores y parteras; establecer cuarentenas en poblaciones afectadas por epidemias; vigilar el buen estado de conservación de alimentos y bebidas puestas al consumo público, y finalmente, velar por la salubridad y limpieza de las calles.

Esto nos da una idea de la competencia y autoridad de los protomédicos -título que tenían los facultativos del Tribunal- en cuestiones de Medicina y ciencias afines. El canónigo Francisco de Siles, quien había iniciado las gestiones para recabar las Informaciones Guadalupanas, solicitó al Protomedicato que examinaran el sagrado lienzo guadalupano y que aportaran un dictamen sobre su análisis.

Los protomédicos que examinaron la imagen fueron: Doctor D. Luis de Cárdenas Soto, catedrático de Prima Medicina en la Real Universidad de México, 45 años de edad. El doctor Jerónimo Ortiz, decano de la Facultad de Medicina, catedrático de Vísperas y Prima también en la Real Universidad, de 60 años de edad. Y finalmente el doctor Juan de Melgarejo, catedrático de Método, de 53 años de edad. Fueron invitados a examinar la imagen, como hemos dicho, por D. Francisco de Siles, quien a su vez ejercía la cátedra de Sagrada Teología en la Real Universidad.

La imagen fue bajada de su lugar y colocada en un altar provisional para ser examinada por los protomédicos, quienes la revisaron con atención y reverencia, fijándose atentamente en muchos detalles, ante la presencia de Siles.

¿Qué dictaminaron los protomédicos?

La pregunta que se les hizo fue: Digan y declaren la calidad y temperamento del sitio y territorio en que se fabricó dicha Iglesia y Ermita, en orden a ser seco y húmedo, y concernientemente, a qué se debe atribuir la conservación de dicha Santa Imagen.
A esto los protomédicos respondieron que estimaban una gran cantidad de humedad en la ermita, traída por el aire que venía del sistema de lagos de México, y que había además "nitro" (sales) venidas del río salado de Tlalnepantla (que hoy ya no existe), y que por humedad, la imagen, expuesta a la intemperie, debiera presentar bastantes y muy notorias señales de corrosión.
Hablan de que en algún momento alguien sobrepuso tonos dorados sobre los rayos y las estrellas.

Su dictamen: Es inexplicable la conservación de la tela y de la imagen impresa en ella, habida cuenta de la humedad que las rodea, y del nitro corrosivo que inclusive lame los metales; declaran que por el reverso de la imagen se nota que la tela absorbió los colores de tal modo que pasan directamente, lo cual evidencia que la tela no fue preparada para pintar en ella, lo cual hace inexplicable el hecho de que la imagen sí esté ahí.


El primer análisis científico al original guadalupano lo declara inexplicable. Puede argumentarse insuficiente, puesto que estamos hablando de métodos y avances del siglo XVII, muy inferiores a los que ahora existen. Tenemos, pues, que continuar el estudio, dando un salto de casi un siglo y ubicándonos a mediados del siglo XVIII, con uno de los más importantes análisis del ayate: el de Miguel Cabrera, pintor.



El célebre examen de Miguel Cabrera



Antes de pasar al tema en cuestión, importa saber quién fue Miguel Cabrera, así que aportaremos algunos datos: Nacido en 1695 en Antequera de Oaxaca y muerto en 1768 en la ciudad de México, Miguel Mateo Maldonado y Cabrera fue el pintor más famoso y solicitado de Nueva España en el siglo XVIII, autor del cuadro más aplaudido de Sor Juana Inés de la Cruz, hizo muchas y muy buenas copias de la imagen guadalupana, siendo pintor de cámara del arzobispo Manuel José Rubio y Salinas.

Nuevamente tenemos pues, a un perito en pintura de autoridad y prestigio.
Con el aval del Cabildo de Guadalupe, el día 30 de abril de 1751 Miguel Cabrera y otros seis pintores se dieron al examen minucioso de la imagen, bajándola de su lugar y sin el cristal protector, que ya para entonces tenía.

Estos pintores eran:, aparte de Cabrera, seis maestros de pintura y de arte: José de Ibarra, Manuel de Osorio, Juan Patricio Morlete Ruiz, Francisco Antonio Vallejo, José de Alcíbar y José Ventura Arnáez.

Hicieron pues, un cuidadoso examen, y Cabrera, como buen profesional, llevó apuntes de todas sus observaciones. Terminó su examen y en 1752 fue comisionado para pintar una imagen guadalupana para enviarla al Papa Benedicto XIV y otra para el arzobispo Rubio y Salinas. Entonces recibió peticiones de pintores y sacerdotes de publicar sus apuntes del examen realizado. Así, en 1756 Cabrera publicó sus apuntes (un volumen delgado), con el nombre Maravilla Americana y conjunto de raras maravillas, observadas con la dirección de las reglas del arte de la pintura en la prodigiosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de México. En esta investigación prefiero sencillamente llamarlo Maravilla Americana, para evitar complicaciones.
Cabrera publicó, pues, su libro, pero no sin antes enviar un borrador a los colegas que le habían acompañado en el examen de la tilma, y en el libro consta la aprobación y respaldo de estos peritos a las aseveraciones de Cabrera.

¿Qué dijeron Miguel Cabrera y sus pintores?

Para esto basta limitarse con ver los nombres que dio Cabrera a los capítulos de su libro, aunque también me meteré en más detalles: Los capítulos son:

  • Maravillosa duración de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe
  • De la tela o lienzo en que está pintada Nuestra Señora de Guadalupe
  • De la falta de aparejo en esta pintura
  • Del maravilloso dibujo de Nuestra Señora de Guadalupe
  • De las cuatro especies de pintura que concurren maravillosamente en la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe
  • Del precioso oro y exquisito dorado de la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe
  • En qué se desatan las objeciones que se han opuesto a nuestra bellísima pintura
  • Diseño de la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe

Citando frecuentemente a los pintores y protomédicos de 1666, Cabrera dio las siguientes conclusiones:

1: que la duración del lienzo es inexplicable, tomando en cuenta su antigüedad (de 225 años en su época y de 475 años ahora). Afirma también que en 1753 él presenció cómo dos clérigos estuvieron dos horas pasando rosarios y alhajas por el lienzo, sin haber el menor desgaste en el mismo.
2: que el ayate está hecho de una fibra vegetal de palmas llamadas "de pita", que compara con el bramante europeo.
3: que la tela no tiene aparejo, no fue preparada para pintar en ella, y que por el revés de la tilma se ven los detalles de la parte anterior.
4: que el dibujo y trazo de la Guadalupana está impecablemente proporcionado y delineado.
5: que se observó la presencia de cuatro estilos de pintura en la imagen: óleo, temple, aguazo y labrada al temple. Añade Cabrera que cada pintura requiere un aparejo distinto, y que como la tela ni siquiera tiene aparejo, es inexplicable la presencia de esos cuatro estilos de pintura.
6: que el dorado de los rayos, las estrellas del manto y los caracteres de la túnica están muy bien ejecutados y que admiran a cuantos los ven.
7: que son falsas las objeciones artísticas hechas anteriormente a la imagen, y que el color del manto no es ni azul ni verde sino una aproximación de ambos.

Y su conclusión final me permito mostrarla con facsimiles de su Maravilla Americana:

Por ello juzgo que aunque no hubiera a favor de lo milagroso de esta pintura las indubitables circunstancias que nos la persuaden sobrenatural y milagrosamente pintada, como son la inmemorial tradición de padres a hijos sin haber variado en lo sustancial ni un ápice entre los españoles ni aun entre los indios; el juramento que hicieron el año de 1666 los más célebres médicos y protomédicos de esta ciudad a favor de la milagrosa incorrupción de la Imagen Guadalupana; el que el mismo año hicieron los mas
excelentes pintores a fin de hacer patente lo milagroso de esta Pintura. Aunque faltara, digo, todo esto, sólo la vista de esta celestial maravilla eficazmente persuade, y más a los inteligentes, que toda es obra milagrosa, y que excede con clarísimas ventajas a cuanto puede llegar la mayor valentía del arte: el lienzo por sí y por lo que es pintura, es el más auténtico testimonio de el milagro, en un modo tan soberano e incomprensible, que no se puede explicar con la materialidad de nuestro estilo.
Y el habernos dejado nuestra Dulcísima Madre esta milagrosa memoria, bellísimo retrato suyo, parece que fue adaptarse a el estilo o lenguaje de los indios; pues como sabemos, ellos no conocieron otras escrituras, sílabas o frases más permanentes que las expresiones simbólicas
o jeroglíficas del pincel; si no es que diga (lo uno y lo otro sería) que quiso la Soberana Princesa honrar en estos Reinos el arte de la pintura, franqueándonos no en una sola, sino en cuatro especies de pinturas, repetidos los milagros que comprueban su verdad y la maternal misericordia para con todo este Nuevo Mundo, dejándonos a los pintores motivo de una santa vanidad en su peregrina pintura. Vivamos, pues, agradecidos a tan gran beneficio, no sólo por el esplendor y nobleza que de aquí resulta a la pintura sino mucho más, porque semejante favor hasta hoy a ninguna nación se ha concedido.


El segundo examen realizado a la imagen guadalupana la declara igualmente milagrosa. Parece que después de Cabrera y su Maravilla Americana ya no hay duda alguna: hemos recibido un milagro.
El trabajo de Cabrera es un clásico en la Historiografía Guadalupana, y son rarísimos los apologistas o impugnadores que no hablan de él y de su examen.

Todavía falta bastante que tratar, pues en el mismo siglo XVIII, 35 años después del examen de Cabrera (ya muerto éste), hubo un nuevo examen que pareció (y aun parece a algunos), ser el primer análisis desfavorable al milagro, contrario a varias declaraciones clave de Cabrera y sus pintores; pasamos al análisis realizado en 1786 por d. José Ignacio Bartolache.



El Manifiesto del doctor Bartolache



Al igual que en el apartado anterior, vamos primero a datos biográficos: Empecemos por saber quién fue José Ignacio Bartolache.
Médico, matemático y astrónomo, Bartolache nació en 1739 en Guanajuato y murió en México en 1790, desde 1766 tenía el título de bachiller, obtuvo la licenciatura en 1772 y el mismo año alcanzó el doctorado de Medicina.

Su interés por examinar la imagen empezó porque, siendo ferviente admirador de la Guadalupana, se propuso conseguir una copia idéntica de la original, sin ninguna diferencia. El 27 de noviembre de 1785 apareció en la Gaceta de México -el primer periódico de la Nueva España-, un escrito anónimo en el que se decía que "un americano, vecino de esta corte, anunciaba su propósito de escribir un Manifiesto Satisfactorio sobre la Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe" y "haver ver una copia de la santa imagen en ayate idéntico al de Juan Diego".

Hubo quienes vieron en ella una tentativa de refutar la estampación milagrosa, y Bartolache defendió sus ideas con un nuevo artículo, esta vez con su nombre y firma, del 18 de abril de 1786.
Acto seguido se dirigió al abad de la Colegiata, D. José Félix García Colorado, pidiéndole formalmente permiso para examinar la imagen, tal y como había hecho Cabrera 35 años antes.

El señor Abad consultó al Cabildo Basilical, y después de una deliberación no se encontraron motivos para negar el permiso. Se extendió la autorización y se le dieron todas las facilidades que requiriera.
Antes de proceder al examen, Bartolache se dedicó a buscar por la Nueva España un ayate idéntico al de Juan Diego. Pero como pasaba el tiempo y no lo encontraba, hizo que unos hilanderos indígenas le fabricaran cuatro ayates, buscando copiar al de Juan Diego. Dos eran de pita de maguey y dos de iczotl -palma silvestre-.

Habiendo examinado la imagen, Bartolache cotejó los ayates tejidos con el de Juan Diego, y concluyó que:

1. El ayate guadalupano no es tosco, sino bastante fino y bien tejido.
2. El hilo que une a las dos piezas de que está hecho el ayate es de la misma materia que el ayate, y no de algodón.
3. Los ayates tejidos no son iguales al de Juan Diego, ni se pudo conseguir que cuatro ayates tejidos por indios lo imitaran.

Inconforme con su análisis, Bartolache consiguió el concurso de cinco pintores elegidos por él, para repetir el examen de la tilma el 25 de enero de 1787; dichos pintores fueron: don Andrés López, don Rafael Gutiérrez, don Mariano Vázquez, don Manuel García y don Roberto José Gutiérrez. De ellos hace notar Primo Feliciano Velázquez que no eran tan famosos ni tan autorizados como los pintores de Cabrera, pues de Manuel García y Roberto José Gutiérrez no se tienen datos en los archivos del arte en México, y que los otros tres, López, Vázquez y Gutiérrez hicieron muy poca cosa en materia de pintura.

  • Lo que hicieron Bartolache y sus pintores:
  • Examinaron el ayate, pero sólo por la parte anterior, y luego Andrés López y Rafael Gutiérrez recibieron la comisión de copiar la imagen, cada quien en un ayate sin aparejo.

  • ¿Qué dictaminaron los pintores de Bartolache?


  • -Declararon que la imagen tiene ciertos retoques, añadidos posteriormente a la estampación.
    -Contradiciendo a los peritos de 1666 y a Cabrera, afirmaron que el ayate tiene aparejo.
    -También contra Cabrera, afirmaron que las estrellas de oro carecían del perfil negro y sutil que había observado el ilustre pintor en 1751.

    -Finalmente, se les preguntó si "supuestas las reglas de la facultad y prescindiendo de toda pasión o empeño, tenían por milagrosamente pintada la Santa Imagen de Guadalupe":
    A esto respondieron "que , en cuanto a lo substancial y primitivo que consideran en nuestra santa imagen; pero no, en cuanto a ciertos retoques y rasgos que sin dejar duda demuestran haber sido ejecutados posteriormente por manos atrevidas".

  • ¿Qué errores hay en el dictamen de los pintores de Bartolache?


  • -Interrogados posteriormente Andrés López y Rafael Gutiérrez, aceptaron que no habían examinado el ayate por el revés, así que no pudieron determinar si el ayate tenía o no aparejo. Esto, unido a las declaraciones conjuntas de Cabrera y los examinadores de 1666, permiten dejar claro que el ayate NO tiene aparejo.
    -El canónigo Francisco Javier Conde y Oquendo (furibundo crítico de Bartolache), y el pintor José de Alcíbar, examinaron la imagen en 1795 y afirmaron que sí había los perfiles notados por Cabrera.

  • El fracaso rotundo de Bartolache


  • El análisis realizado por Bartolache lo dejó muy satisfecho, pues las copias de López y Gutiérrez parecían perfectas, así que Bartolache empezó a preparar su Manifiesto Satisfactorio en donde planeaba comunicar el éxito de su tentativa.
    Sólo que para esto se necesitaba una comprobación más formal; y el 24 de enero de 1788 se reunieron en la Colegiata de Guadalupe los cinco pintores, Bartolache, el Abad y un canónigo, y frente al escribano José Antonio Burillo se hizo el cotejo minucioso de las dos copias con el original, y fueron los propios pintores, Andrés López y Rafael Gutiérrez, quienes aceptaron que a pesar de su empeño y esfuerzo, sus pinturas no coincidían exactamente con el original, ni eran, por lo tanto, copias exactas del mismo.
    Esto contrarió bastante a Bartolache, quien ya había hecho encarecidos elogios de la copia de López, pero en su Manifiesto satisfactorio u Opúsculo Guadalupano -publicado en 1790 por don Felipe de Zúñiga y Ontiveros, ya fallecido Bartolache- honradamente confesó en que la imagen no había podido ser copiada, y que era inimitable para manos humanas.

    "Salió bellísima la copia, y exactamente arreglada, en todo y por todo, a su original de suerte que cuantos la han visto, la admiran. Y no obstante eso todavía está bien lejos de ser una copia idéntica no ya en el dibujo, sino en el modo de pintar, que ciertamente es inimitable, aunque en ello se ponga toda cuanta humana diligencia cabe"
    Manifiesto Satisfactorio, Apéndice. Num. 119
    "Preguntó también[el dr. Bartolache a los pintores] ¿si supuestas las reglas de su facultad y prescindiendo de toda pasión o empeño, tienen por milagrosamente pintada esta santa imagen? Respondieron que sí, en cuanto a lo sustancial y primitivo, que consideran en nuestra santa imagen; pero no en cuanto a ciertos retoques y rasgos que, sin dejar duda, demuestran haber sido ejecutados posteriormente por manos atrevidas"
    Manifiesto Satisfactorio, Nota final, Pieza número 2, constancia del escribano José Antonio Morales



    Bartolache ya no vivió para ver confirmado su fracaso: Resulta que la copia hecha por Rafael Gutiérrez fue colocada en la capilla del Pocito, protegida por cristales, el 12 de septiembre de 1789, y sin embargo, se fue deteriorando tan notablemente, que el 8 de junio de 1796 se quitó del altar de la capilla y fue guardada en la sacristía. Ya para entonces el color azul del manto estaba verdinegro, como mohoso, el dorado, empañado, varias partes de la pintura se desprendieron y hasta algunos hilos del lienzo empezaron a reventarse. Finalmente desapareció, perdiéndose su rastro.


    A Bartolache se le ha llegado a tachar de antiguadalupano, de impugnador de las apariciones. El responsable de esta acusación es el ya mencionado canónigo Conde y Oquendo. Pero a principios del siglo XX, en sus respectivos estudios guadalupanos, Jesús García Gutiérrez y Primo Feliciano Velázquez coinciden en que Bartolache no fue antiaparicionista, sino solamente analítico, racional, y que si bien hay errores en su Manifiesto Satisfactorio, el dr. Bartolache creyó en las Apariciones, defendió su historicidad -e inclusive aportó un añalejo antiguo con la noticia de las apariciones, que se cuenta entre los Documentos Históricos de la aparición-.



    Conclusiones generales: Es algo INEXPLICABLE e INIMITABLE



    Después de Bartolache, nadie, en la época Colonial, realizó otro examen del ayate guadalupano. De hecho, en 1790 se publicó el Manifiesto Satisfactorio, y 20 años después iniciaba la guerra de Independencia de México.

    A lo largo del siglo XIX no hay análisis registrados o si los hubo, no fueron muy importantes. El caso es que hasta la década de 1890-1900 se volvió a examinar el ayate, pero ahora buscando una "corona desaparecida", de la cual vamos a hablar en el siguiente capítulo.

    En este vamos a dar una reseña de lo observado por los peritos del arte del Virreinato que examinaron la imagen milagrosa:

    -Los pintores de 1666 concluyeron que es imposible para manos humanas pintar tan perfecta imagen en un lienzo tan tosco.
    -Los protomédicos dictaminaron que es inexplicable, científicamente, la conservación del ayate en un ambiente húmedo y salitroso como era el Tepeyac en aquellos tiempos.
    -Miguel Cabrera y sus pintores dictaminaron de nueva cuenta que es inexplicable la conservación del lienzo, y que por el modo en que concurren cuatro estilos de pintura en la imagen, la consideran milagrosa.
    -Los pintores de Bartolache afirmaron que había retoques en la imagen, pero que lo sustancial de ella sí es milagrosa.
    -Las copias mandadas hacer por Bartolache nunca pudieron igualar a la original, ni en forma, ni en colores, ni siquiera en el ayate.
    -9 años después de ser hecha, la copia de Gutiérrez estaba muy mal, deteriorada la tela y degradados los colores.


    De estos exámenes hechos por artistas y científicos novohispanos caben las siguientes conclusiones:

    1. La conservación de la tela y de los colores es científicamente inexplicable.
    2. La imagen es imposible de copiar por manos humanas. Ni los mejores artistas de la Colonia (y vaya que eran buenos), pudieron reproducirla al 100%.
    3. La copia de Gutiérrez, protegida por cristales, duró sólo 9 años... la tilma guadalupana duró 116 años sin la protección de cristales, y en total, hasta el día de hoy, lleva 475 años sin haberse deteriorado.
    4. Tomando en cuenta lo anterior, la imagen guadalupana, estampada en el ayate de Juan Diego, es un milagro continuo, en sus dos tiempos: la estampación el 12 de diciembre de 1531 y su permanencia y lustre hasta el día de hoy.

    Para no tener que conformarnos con esto, vamos a repasar en capítulos posteriores los análisis modernos (siglo XX), que se le han hecho a la imagen, con nuevos conocimientos científicos, nuevos instrumentos ópticos, y nuevas herramientas tecnológicas como las computadoras, las tomas fotográficas infrarrojas, etc.




    .

    Bibliografía:



    BARTOLACHE Y DÍAZ DE POSADAS José Ignacio, Manifiesto satisfactorio u Opúsculo guadalupano, en Testimonios Históricos Guadalupanos

    CABRERA Miguel, Maravilla Americana y conjunto de raras maravillas, Edit. JUS 3a. Edición facsimilar, 1989

    CHÁVEZ SÁNCHEZ Eduardo, La Virgen de Guadalupe y Juan Diego en las Informaciones Jurídicas de 1666, (con facsímil del original), Edición del Instituto de Estudios Teológicos e Históricos Guadalupanos, 2002

    ECHEAGARAY José Ignacio y Colaboradores, Álbum del 450 Aniversario de las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, Ediciones Buena Nueva, 1981

    INFORMACIONES DE 1666, facsímil del original con traslación, en CHáVEZ SáNCHEZ Eduardo, La Virgen de Guadalupe y Juan Diego en las Informaciones Jurídicas de 1666

    LÓPEZ BELTRÁN Lauro, Cuestionario guadalupano, Edit. Tradición 1973

    SALINAS CHÁVEZ Carlos, Juan Diego en los ojos de la Santísima Virgen de Guadalupe, Edit. Tradición, 1a. Ed. 1974

    TORRE VILLAR, Ernesto de la, y NAVARRO DE ANDA Ramiro, Testimonios Históricos Guadalupanos, Fondo de Cultura Económica, 1a. Ed. 2a. Reimpresión, 2004